En el globo de la biblioteca del Gran Duque de Weimar, que ya hemos citado como anterior al año de 1534, y en el que figura el istmo de Panamá atravesado por un estrecho (como se ve también en un mapamundi chino muy moderno de Lismingtchhe, publicado en 1820), Zipangu está 5° al Oeste de Veragua con la inscripción: Zipangri ubi piper et auri copia.
La idea de que las riquezas de la India se encontraban al E. y al SE. de Asia, llegó á ser tan general en el siglo XV, que, maravillado Colón por la belleza del paisaje de la costa de Cuba, cerca de Puerto Príncipe, escribió en su Diario (14 de Noviembre de 1492) la observación siguiente: «Creo que estas islas (las del Canal Viejo) son las innumerables que en los mapamundos en fin del Oriente se ponen, y que hay grandísimas riquezas y piedras preciosas y especería en ellas y que duran muy mucho al Sur.»
La influencia del clima, hasta en los productos de la naturaleza inorgánica era doctrina tan generalmente admitida, «que por el mucho calor que padecía el Almirante, arguye que en estas Indias, y por allí donde andaba, debía de haber mucho oro». (Diario 21 de Noviembre, visiblemente alterado por Las Casas, puesto que menciona la Florida.) «Mientras vuestra señoría, escribe en 1495 á Cristóbal Colón (en la gran isla de Cibau) un lapidario de Burgos, Mosen Jaime Ferrer, no llegue á encontrar negros, en los progresos sorprendentes de sus descubrimientos, y entre en el Sinus Magnus de Ptolomeo no puede contar con grandes cosas (los verdaderos tesoros), como especias, diamantes y oro.» Esta carta, unida á proyectos de métodos de longitudes y á respuestas en las que el gran cardenal de España (Mendoza) llama al lapidario cosmógrafo su especial amigo, fué publicada en Barcelona en 1545 en un libro muy raro, cuyo extraño título es Sentencias catholicas del Divo poeta Dant.
El contemporáneo de Colón, Pedro Mártir de Anghiera, muestra gran descontento por la expedición de Lucas Vázquez de Ayllón á la Florida. «¿Qué necesidad tenemos, exclama (Ocean, déc. VIII, cap. 10) de producciones semejantes á las más vulgares del Mediodía de Europa? ¡Al Sur! ¡Al Sur! Quienes busquen riquezas no deben ir á las frías regiones boreales.»
También Diego Rivero añade en 1529 en su célebre mapamundi, junto á la tierra de Garay (Florida occidental), estas palabras: «El país es pobre en oro, porque está muy alejado del trópico de Cáncer.»
Estas creencias, fundadas en analogías incompletas transmitidas por la antigüedad[242], creencias que obligaban á estar en los mismos límites, en el clima tropical, las especias y las gemas, no ha desaparecido[243] por completo en nuestros días.
La vaguedad propia de la denominación India, especialmente después de los siglos IV y VI de nuestra era, denominación arbitrariamente extendida á regiones meridionales de Asia, de la Arabia y de las costas etiópicas del mar Rojo[244], hacía casi sinónimas las frases, zona de la India y zona de las Palmeras. Añadíanse á las Indias exteriores é interiores de los primeros autores cristianos, á las tres Indias de Marco Polo, muy distintas de la de Fra Mauro, la denominación de India superior con la cual se designaban las costas orientales de Asia, y por tanto una parte del Cathay. El comercio de almacenaje de las especias que se hacía en los puertos de la China, contribuyó sin duda á esta confusión de ideas. Marignola llama todo el Manzi la Grande India. La América, desde su descubrimiento[245], formaba, al parecer, parte de la India superior, ó como continente ó como Ante Ilha de Asia.