La Groenlandia Oriental en las tierras de Scoresby se aproxima de tal modo á la península escandinava y al Norte de Escocia, que desde esta última al cabo Barclay (grado y medio al Sur del paralelo de la isla volcánica de Juan Mayen), sólo hay 269 leguas marinas[266], lo cual es casi la mitad de la anchura del Atlántico entre Africa y el Brasil. Con viento fresco y continuo del NO. se atraviesa este espacio en menos de cuatro días.
La aproximación de todas las masas continentales hacia el círculo polar ártico, y más allá, se revela también, según lo demuestran las investigaciones más exactas acerca de la geografía de las plantas, en el gran número de vegetales que son propios de la Europa, el Asia y la América boreal[267]. La América del Sur, y en general toda la parte tropical del Nuevo Mundo, tiene distinto carácter. La gran ley de la Naturaleza, reconocida por Buffón en la desemejanza de la creación animal propia de estas regiones y de Africa, puede aplicarse con ciertas restricciones al reino vegetal. Las excepciones de la ley son raras, pero existen, no sólo en las plantas monocotiledóneas, especialmente en las gramíneas y en las ciperáceas[268], sino también en las dicotiledóneas arborescentes, que no son de las especies litorales[269] ó acuáticas.
Es notable sin duda que, según los trabajos de M. Roberto Brown sobre la flora del Congo y las discusiones de los Sres. Perrottet y Guillemin sobre la flora de Cabo Verde y de la Senegambia sean principalmente las costas africanas y las del Brasil y la Senegambía las que presentan estas analogías con el Africa equinoccial. Basta, para probarlo, citar las especies del Río Zahir y del Senegal, cuyos nombres específicos indican los lugares donde los viajeros botánicos las han recogido por primera vez: Schwenkia americana, Urena americana, Cassia occidentalis, Ximenia americana, Waltheria americana, que es idéntica á la Waltheria índica[270].
Las corrientes se dirigen desde el Congo al O. hacia el Brasil, mientras que en la desembocadura del Senegal y más allá hasta la bahía de Biafra, el movimiento de las aguas es al S. y SE., y, por tanto, completamente contrario al transporte de frutos y semillas á las costas americanas. Lo que sabemos de la acción deletérea que ejerce el agua del mar en un trayecto de 500 ó 600 leguas sobre la excitabilidad germinativa de la mayoría de las semillas, no es favorable al sistema demasiado generalizado de la emigración de los vegetales por medio de las corrientes pelásgicas.
No debo terminar esta reseña del gran valle del Atlántico, en el punto donde presenta menos anchura entre masas de tierra completamente continentales, sin añadir á las líneas generales del cuadro físico la indicación de un hecho, ó mejor dicho, una creencia del siglo XVI que los modernos historiadores del Nuevo Mundo han desatendido completamente. Colón supo cuando su segundo viaje que la isla de Haïtí era atacada algunas veces por una raza de hombres negros (gente negra), que vivía hacia el Sur ó Sureste.
Distingue estos negros de los Caribes de las Pequeñas Antillas, á quienes, en una carta á los monarcas, fechada en el mes de Octubre de 1498 llama Caribales[271], y los pinta armados de azagayas, cuya composición metálica llamó singularmente su atención. Los indígenas de Haïtí llamaban esta composición Guanin. Colón la envió al rey Fernando, y refiere Herrera (sin duda por lo que vió en los manuscritos de Las Casas, porque D. Fernando Colón no habla de ello), que el análisis hecho en España dió á conocer en el Guanin para 32 partes 18 de oro, 6 de plata y 8 de cobre[272]. Era, pues, oro de baja ley (oro baxo), notable por la doble aleación (0,44) de cobre y plata, producida sin duda en aquellos pueblos bárbaros por la naturaleza especial de un mineral aurífero.
La dirección meridional que el Almirante dió á su tercer viaje tuvo por único motivo el deseo de llegar al país del Guanin. «Dixo Colón que por aquel camino pensaba experimentar lo que decían los Indios de la Española de la gente negra que traía los hierros de las azagayas de un metal que llamaban guanín.»
Vasco Núñez de Balboa, el primero que atravesó el istmo para llegar al mar del Sur, encontró efectivamente negros en el Darien. «Este conquistador, dice Gomara (Historia de las Indias, fol. 34), entró en la provincia de Quareca, donde no encontró oro, sino algunos negros esclavos del señor del lugar. Preguntó al señor de dónde había sacado aquellos esclavos negros, y le respondió que las gentes de aquel color vivían cerca de allí y estaban constantemente en guerra con ellos.»
«Estos negros, añade Gomara, eran iguales á los negros de Guinea, y en las Indias yo pienso que no se han visto negros después.»