A Pedro Mártir de Anghiera (Ocean. déc. III, lib. I, página 45), que observa todo lo que atañe á las razas americanas, sorprendió este hecho referido por Gomara, y lo explica, con alguna ligereza, suponiendo algún naufragio de africanos en las costas de América. Estos esclavos son, sin duda, dice, descendientes de negros etíopes, que, después de infestar la mares como piratas (latrocinii causa) los arrastró alguna tempestad á naufragar en el Darien.
No puede negarse (y, según antes dije, los mapas del mayor Rennell dan fe de ello) que desde las costas del Congo y de Benguela, las corrientes africanas, mezcladas á las aguas del Gulf-Stream, impulsan hacia el Oeste, hacia el Brasil, la Guayana y el fondo del mar de las Antillas; pero ¡qué largo trayecto para negros africanos que jamás fueron piratas de alta mar, y sólo usan canoas pequeñas apropiadas para la pesca en el litoral!
Estos negros de Quareca habitaban las mismas comarcas donde los naturales suponían primitivamente una raza blanca, suponiendo que algunos negros albinos eran una raza especial. En mi concepto eran Papus del mar del Sur, que fueron del Oeste, aprovechando algunas contracorrientes en el aire y en el mar, y no negros de Etiopía. También puede suponerse que fuera alguna tribu de indígenas de color más obscuro que las demás, porque Gomara al decir que los negros de Quareca se parecen á los negros de Guinea, no menciona especialmente el cabello rizado.
En las misiones del Orinoco, los Otomaques y los Guamos forman la variedad más obscura, los Guaharibos del Gehette y los Guainares, la variedad más blanca entre los indios cobrizos. Debe esperarse á que algún viajero instruído, recorriendo parajes tan inexplorados como los que median entre las fuentes del Atrato, el Darien y el golfo de Mandinga, aclare la cuestión de quién era esta gente negra conocida á la vez en Haïtí y en Caribana; porque conviene precisar los hechos antes de intentar explicarlos.
Verdad es que hay otros indicios para creer que aquel rincón de la tierra fué antiguamente visitado por razas extranjeras. Entre los Caramaris, que decían ser de la grande y poderosa familia de los pueblos Caribes, encontráronse rastros de una cultura importada, como entre los Caribes de Uraba[273] que tenía alguna noción de libros y de signos gráficos.
XIII.
Viajes de los escandinavos al Nuevo Mundo en los siglos XI y XII.
Existe en los mudables destinos de la civilización y del estado social de los pueblos algo permanente y estable que se relaciona con la configuración de las tierras, su aislamiento mayor ó menor, las influencias del clima y los agentes físicos en general. Acabamos de ver que el estado de barbarie en que se encontraban las costas opuestas de los continentes de Asia y América donde más se aproximan, excluía, al parecer, cualquier empresa de emigración ó de navegación lejana en tiempos remotos. Reservado estaba á la parte más septentrional del Atlántico, donde la Escandinavia insular de América (la Groenlandia) se aproxima á una distancia de ochocientas á novecientas millas marinas á Escocia y á Noruega, dar ocasión al descubrimiento de América por el lado oriental.
Dos circunstancias favorecieron este descubrimiento, que coincide con el principio del siglo xi de nuestra era. La primera corresponde á la geografía física. Entre los paralelos de 58°½ y 64°, el canal del Atlántico, ya bastante estrecho, está sembrado de muchos grupos de islas (las Orcades, las Færoë, Islandia) que presentan una serie de estaciones intermedias, y conducen, por los antiguos levantamientos volcánicos (las doleritas y las traquitas)[274] á las costas de la América insular del Norte. La segunda se refiere á la actividad del espíritu de empresa en los pueblos de Europa próximos, en la Edad Media, á esa misma región de un mar boreal cubierto de islas, que fueron teatro de sus expediciones.