Por lo demás, en punto á legitimidad por causa de una primera ocupación, los castellanos tenían derechos que, según la Historia de las Indias, de Oviedo, databan de algunos miles de años antes de la colonización del príncipe Madoc. Oviedo, como paje de aquel infante D. Juan (hijo único de Fernando el Católico), cuya prematura muerte cambió la faz del mundo, asistió á la entrada de Colón en Barcelona. Tan viva fué la impresión que le causó este imponente espectáculo, que durante treinta y cuatro años ocupóse en las comarcas nuevamente descubiertas, de las producciones y de la historia de América.
Participaba de la extraña opinión de Colón «de que las Nuevas Indias eran las islas Hespérides, que Stacio Seboso[321] sitúa á cuarenta días de navegación hacia el Oeste de las Gorgonias, ó islas de Cabo Verde».
Oviedo sabe «que Hesperus, duodécimo rey de España, hermano de Atlas, gobernaba, como Carlos V, lo mismo las Indias que la península hespérica ó ibérica, 1658 años antes de nuestra era; de suerte que, por el descubrimiento de Colón, la justicia divina no había hecho otra cosa que reintegrar á España en sus antiguos derechos. Muy difícil sería dar más antigüedad de la que tienen los mitos de Hesperus y Atlas á los derechos de la metrópoli para dominar las colonias.
No puede negarse que los vascos y los pueblos de origen céltico, practicando la pesca en lejanas costas, rivalizaron constantemente en el norte del Atlántico con los escandinavos, y que á estos últimos precedieron en el siglo VIII, en las islas Færoë y en Islandia, los marinos irlandeses; pero, á pesar de estas pruebas de actividad náutica, es verdaderamente extraordinario que el citado príncipe Madoc, «dejando á Irlanda al Norte», y no tocando, por tanto, en las estaciones intermedias, que habían favorecido los descubrimientos escandinavos, pudiese llegar en su viaje de aventuras hasta la costa de los Estados Unidos, y volver desde allí al país de Gales en busca de nuevos colonos.
Sería conveniente hoy, que la crítica es severa sin ser desdeñosa, hacer en los mismos sitios nuevos estudios, tomando de las tradiciones y de los antiguos cronistas del país de Gales todo lo relativo á la desaparición de Madoc, apellidado Owen Guineth. En manera alguna participo del desdén con que frecuentemente son tratadas las tradiciones nacionales[322], y tengo, al contrario, la firme persuasion de que, empleando más asiduidad, esclareceríanse mucho, por el descubrimiento de hechos completamente desconocidos hoy, estos problemas históricos relativos á las navegaciones en la Edad Media, á las notables analogías que presentan las tradiciones religiosas, las divisiones del tiempo y las obras de arte en América y en el Asia oriental, á las emigraciones de los pueblos mejicanos á esos antiguos centros de civilización de Aztlán, de Quivira, de la Alta Luisiana, y de las mesetas de Cundinamarca y del Perú.
Entre las tentativas hechas antes de Colón para llegar á la India por la vía directa del Oeste, pone Malte Brun[323] el viaje de Vadino y de Guido de Vivaldi en 1281. Otros geógrafos han creído que la expedición de los dos hermanos, repetida en 1291 por Ugolino Vivaldi y Teodosio Doria, era pura y sencillamente una exploración del Atlántico, idéntica á la expedición de los Almagrurinos; pero, si se examina atentamente el manuscrito encontrado por M. Graberg, se ve que los Vivaldi («volentes ire in Levante, ad partes Indiarum») siguieron la costa de Africa. Su tentativa, escrita en latín bárbaro, realizóse entre los viajes de Ascelín y de Marco Polo; pero, por las relaciones de comercio que había entre sus compatriotas, los genoveses, y los árabes, acaso tuvieron alguna idea de la posibilidad de dar la vuelta á Africa.
Un tal Antonio Usodimare (Usus maris), compañero de Cadamosto (Alvise da Ca Da Mosto), dice en una carta, fechada en 12 de Diciembre de 1455, «que después de comprar esclavos, que le vendió un nobilis dominus niger, encontró muy cerca de la zona, donde perdió de vista la estrella polar, en una costa próxima al dominio del Preste Juan, un hombre blanco, que decía descender de uno de los marineros de la tripulación perdida[324] de las carabelas Vivaldi. La genealogía puede no ser cierta; pero el documento de los archivos de Génova, debido á las curiosas investigaciones de M. Graberg, probará siempre que en el siglo XV considerábase la expedición de los hermanos Vivaldi como una expedición á Africa, tanto más interesante, por ser anterior en unos 65 años al viaje del catalán D. Jaime Ferrer[325] á Río de Oro.