Imaginábase ver de vez en cuando, y presentando siempre la misma forma hacia el SO. en el horizonte del mar, una isla montañosa; y Viera, historiador de las islas Canarias, ha dado extensos detalles de todas las tentativas hechas desde 1487 hasta 1759 para arribar á esta isla imaginaria. No sabemos si esta ilusión la causaban algunas circunstancias especiales de espejismo en un banco de bruma parado en el horizonte, ó si alguna de esas nubes, que en su mayor dimensión son perpendiculares al horizonte, presentó accidentalmente el aspecto de una isla montañosa.
El P. Feijóo[346], cuyo Teatro crítico fué durante largo tiempo muy estimado en España, compara primeramente este fenómeno á la Fata Morgana de Sicilia, mal observada y mal explicada aún en nuestros días: después tomó la tierra de manteca de los Canarios (esta es la frase de los marinos), por la imagen de la isla de Hierro, reflejada en una masa lejana de vapores (nube especular).
El Gobierno portugués cedió formalmente en el siglo XVI á Luis Perdigón dicha isla imaginaria, cuando éste se preparaba á conquistarla.
Muy confiado en el poder de las refracciones horizontales, cree ingenuamente el historiógrafo Viera que, con un viento húmedo de OSO., condición necesaria para producirse el fenómeno, se llega á ver «hasta las montañas Alpaches de la Florida». Digno es de notar que estas ilusiones no empezaron á preocupar la imaginación de los de Canarias hasta la segunda mitad del siglo XV, en cuya época del descubrimiento de Porto Santo, «punto habitado[347] por gentes tan salvajes como los guanches», y el del Archipiélago de las Azores, hecho también por los portugueses, dirigieron, por decirlo así, todas las miradas hacia el Oeste.
Pero no eran sólo los habitantes de Gomera, Palma y Hierro los que tenían esta visión; también la hubo por la parte del Norte en cuantos puntos se ocupaban con afán en el descubrimiento de nuevas tierras. El Diario de navegación de Colón, publicado por primera vez en 1825, presenta un curioso testimonio[348] de la simultaneidad de tan quimérica creencia. He aquí sus palabras, tal y como Las Casas las copió del Diario correspondiente al 9 de Agosto de 1492:
«Dice el Almirante que juraban muchos hombres honrados españoles que en la Gomera estaban con D.ª Inés Peraza, madre de Guillén Peraza, que después fué el primer Conde de la Gomera, que eran vecinos de la isla de Hierro, que cada año veían tierra al O. de las Canarias, que es Poniente; y otros de la Gomera afirmaban otro tanto con juramento. Dice aquí el Almirante que se acuerda que estando en Portugal el año de 1484, vino uno de la isla de la Madera al Rey á le pedir una carabela, para ir á esta tierra que via, el cual juraba que cada año la via, y siempre de una manera. Y también dice que se acuerda que lo mismo decían en las islas de los Azores, y todos éstos en una derrota, y en una manera de señal, y en una grandeza.» Aplicóse desde entonces á esta visión la tradición monástica de la isla de San Brandón[349].
En el archipiélago de las Canarias la isla afortunada de Ima, que al principio fué colocada al Oeste de Irlanda (de Ierné, isla sagrada de Festo Avieno), se confundía con el Apropósitos de Ptolomeo, que, según este geógrafo, era la más septentrional del grupo de las Canarias, la Encubierta, la Nontrovada ó Nublada[350] de los marinos españoles de la Edad Media. Cito estos sinónimos porque recuerdan por modo notable la interpretación que antes me atreví á dar del nombre dado por Theopompo á esta tierra más allá del Océano, «cuya existencia revela Sileno al Rey de Frigia». La tierra Merópida[351] de Theopompo había quedado nublada, como la Pléyade que se había unido á un mortal; pero la tierra Merópida era boreal, como las islas Afortunadas en los mares de Irlanda, de Sanuto Torsello (1306) y de Fra Mauro.
En el mapa del veneciano Pizigano (1367), conservado en la Biblioteca de Parma, y mal copiado por M. Buache, al pequeño grupo de las islas de la Madera, señalado en el paralelo del cabo Cantin, se le llama Isole dicte Fortunate S. Brandany[352], y el Santo mismo está figurado alargando los brazos hacia las islas[353] que llevan su nombre. Andrés Bianco (1436) presenta en su mapa Porto Santo, Madera y la Dexerta (Desierta), que es la Caprazia (Capraria) de Pizigano. La isla de San Borondón no está; pero el caballero Behaim (1492), en su célebre globo, sitúa esta isla tan al SO., que se encuentra casi en la latitud de Cabo Verde. «Esta isla, dice, es donde San Brandón arribó en el año 565, y la encontró llena de cosas maravillosas.»
Queda, pues, demostrado que el progresivo cambio de lugar de Norte á Sur de este mito geográfico, estuvo relacionado durante nueve siglos con el desarrollo de la navegación y la dirección impresa al comercio del Mediterráneo.