La forma de una roca del cabo noroeste no pudo recibir su significación misteriosa sino después del descubrimiento de América y en una época en que el comercio era más activo y el mar de las Azores estaba más frecuentado. Esta circunstancia puede explicar hasta cierto punto el silencio de los autores de los siglos XV y XVI; pero también puede ser que, en un archipiélago representado ya en el mapa de Bianco con la denominación árabe de Bentufla, haya contribuído alguna noción vaga de tradiciones conservadas entre los geógrafos orientales (el scherif Edrisi, Ebn-al-Uardi y Abdorraschid ó Bakui) á dar celebridad á la forma rara de la roca de Corvo.
Pláceme observar la filiación no interrumpida de las ideas que desde la más remota antigüedad griega, hasta los portulanos del veneciano Pizzigani, han atravesado la Edad Media, y que los árabes transmitieron á los geógrafos de Italia; aunque sea raro poder seguir con certidumbre un mismo mito geográfico en la dirección de Oriente á Occidente. Comencemos por las columnas de Hércules, que en tiempos aun más antiguos eran llamadas de Saturno ó de Briareo.
Al hablar Strabón de la fundación de Gades por los Tyrios, discute con mucha sagacidad y despreocupación lo que debe entenderse por el nombre de columnas, y pregunta si fueron monumentos levantados por mano del hombre, que dió su nombre á los sitios junto á los cuales los colocó. Habla con este motivo «de altares, de torres y de columnas» á propósito para los límites de un viaje (lib. III, pág. 171); pero el geógrafo de Amasia no emplea las palabras imagen ó estatua de Hércules. Estas palabras pertenecen á un pasaje de un comentario que Eustathes añadió al texto de Dionisio de Charax, el Periegetes[430].
Sabido es que los árabes se ocuparon mucho de Hércules, á quien sin cesar confundían con Alejandro, ó mejor, con un personaje bicornio, Dhulcarnaïn, que abrió el estrecho de Cádiz, y cuya era asciende al tiempo de Abraham. El geógrafo de la Nubia, cuyos testimonios reuno en una sola nota[431], refiere que había seis estatuas colocadas en las orillas del mar; la más oriental en Andalucía, en Gades; las otras en las islas del mar Tenebroso, en las Canarias (Khalidât), haciendo señal á los navegantes para que no fueran más allá.
Yakuti, natural de Baku y que por ello se le llama Bakui, dice lo mismo: «Las islas Khalidât (él las llama Dgialidat), situadas á la extremidad del Mogreb (de Africa), donde los sabios fijan el primer grado de longitud, son en número de seis. En cada una de ellas hay una estatua de cien codos de altura, que es como un fanal, para dirigir los barcos y hacerles saber que más allá no hay camino.»
Comparando estos dos pasajes de Edrisi y de Bakui con otro de la geografía de Ebn-al-Uardi[432], donde dice claramente «una de las estatuas colocadas en las islas Khalidât ó Canarias, sobre la cumbre de una montaña, por Saad Abukarb, el Hermiarita, el mismo que Dhulcarnaïn», se ve que el mito de los geógrafos árabes se refiere al Hércules de los orientales. Admitiendo seis estatuas ó imágenes de Hercules, se multiplicaban las marcas ó señales para los navegantes, como Palephatos (cap. 32) y Hésychio multiplican las columnas hasta el número de 304.
También como reminiscencia de estas tradiciones árabes, según observa juiciosamente Mr. Buache, puso Pizzigano, en el siglo XIV, en un mapa de su portulano y entre las islas Brazie ó Azores, un medallón tras del cual aparece una figura con una banderola en la mano en la que hay una inscripción, y haciendo señales hacia el Este con la otra mano, sin duda para detener á los navegantes[433].
Se ve, pues, cómo el límite de estos parajes «quæ non amplius navigabiliæ sunt propter brevitatem maris et cænum et algam» ha ido retrocediendo progresivamente hacia el Oeste. La astucia de los fenicios lo colocó primero junto á las columnas de Hércules; Scylax lo señala cerca de Cerné (Gauleón); la Edad Media, siguiendo las huellas de los árabes, cerca de Azores, donde el banco de fucus (el mar de Sargazo) fué visto antes de Cristóbal Colón.
Conforme á la serie de hechos, ó mejor dicho, de opiniones que acabo de exponer, parece ser, al menos, muy probable que las imágenes de Hércules y la supuesta estatua de Corvo pertenezcan á un mismo ciclo de geografía sistemática. Pero la dirección de la mano, el gesto, debió cambiar desde que el intrépido genovés hizo desaparecer el temor á los escollos del mar Tenebroso.