[8] Documentos diplomáticos, n. CXL. Libro de las Profecías que juntó el almirante D. Cristóbal Colón, de la recuperación de la santa ciudad de Hierusalem, y del descubrimiento de las Indias. (Navarrete, t. II, páginas 260, 265, 272). En Septiembre de 1501 envió Colón este manuscrito teológico que, á pesar de la diferencia de países y de siglos, recuerda involuntariamente las graves discusiones del inmortal Newton, sobre el undécimo cuerno de la cuarta fiera de Daniel (Brewster, Life of Newton, 1831, pág. 279), á un cartujo, el P. Gaspar Gorricio, para que lo perfeccionara y adornara con sabias citas. Sitúo este suceso diez y ocho meses antes de la muerte del Almirante, ocurrida en 20 de Mayo de 1506, porque al final del manuscrito de las Profecías se trata del eclipse de luna que observó Colón cerca del cabo oriental de la isla de Haití el 14 de Septiembre de 1504. Pero hay otra parte de las Profecías, por ejemplo, la que trata del peligro del próximo fin del mundo, anterior á 1501. «San Agustin, dice Colón, diz que la fin deste mundo ha de ser en el sétimo millenar de los años de la creacion dél: los sacros Teologos le siguen, en especial el cardenal Pedro de Ailiaco (Pedro d’Ailly, nacido en Compiegne en 1350). De la criacion del mundo ó de Adam fasta el avenimiento de Nuestro Señor Jesucristo son cinco mil é trescientos y cuarenta é tres años y trescientos y diez y ocho dias, por la cuenta del rey D. Alonso, la cual se tiene por la más cierta, con los cuales, poniendo mil y quingentos y uno imperfeto, son por todos seis mil ochocientos cuarenta y cinco imperfetos. Segund esta cuenta no falta salvo ciento é cincuenta y cinco años para complimiento de siete mil, en los cuales digo arriba, por las autoridades dichas, que habrá de fenecer el mundo.»
[9] Poco antes, sin embargo, en la misma carta á sus Soberanos explícase Colón con la mayor ingenuidad acerca de su propia erudición, cuya importancia, al parecer, desconoce. «De muy pequeña edad entre en la mar navegando, é lo he continuado fasta hoy. La mesma arte inclina á quien le prosigue á desear de saber los secretos deste mundo. Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado. Trato y conversación he tenido con gente sabia, eclesiásticos é seglares, latinos y griegos, judios y moros, y con otros muchos de otras setas.
»A este mi deseo (conocer los secretos de este mundo) fallé á Nuestro Señor muy propicio, y hobe dél para ello espirito de inteligencia. En la marinería me fizo abondoso; de astrología me dió lo que abastaba, y así de geometría y arismética; y engenio en el ánima y manos para debujar esferas y en ellas las cibdades, rios y montañas, islas y puertos, todo en su propio sitio.
»En este tiempo (en su juventud) he yo visto y puesto estudio en ver de todas escrituras, cosmografía, historias, corónicas y filosofía, y de otras artes ansí que me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable, á que era hacedero navegar de aquí á las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecucion dello; y con este fuego vine á V. A. Todos aquellos que supieron de mi impresa con risa la negaron burlando: todas las ciencias de que dije arriba no me aprovecharon ni las antoridades de ellas: en solo V. A. quedó la fe y constancia, ¿quién dubda que esta lumbre que fué del Espíritu Santo, así como de mí, el cual con rayos de claridad maravillosos consoló con su santa y sacra Escritura á Vos muy alta y clara con cuarenta y cuatro libros del viejo Testamento, y cuatro evangelios con veinte é tres epístolas de aquellos bienaventurados Apóstoles, avivándome que yo prosiguiese, y de contino, sin cesar un momento me avivan con gran priesa?» Fol. IV de las Profecías. Leyendo estas líneas llenas de candorosa ingenuidad, se comprende la dificultad de traducir con la energía propia de la antigua lengua castellana los escritos de un hombre que con excesiva modestia se llama á sí mismo: lego marinero, non doto en letras y hombre mundanal.
[10] Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, lib. II, párrafo 21. Navarrete, t. I, páginas LXXIX-LXXXI. Remesal, dice en su Historia de Chiapa (lib. II, cap. VII), que desde 1486 estaba Colón al servicio de España, y que á fines de dicho año se verificaron las disputas cosmográficas de Salamanca en el convento de San Esteban, durante las cuales los monjes dominicos se mostraron más tratables é instruídos que los profesores de la Universidad.
[11] Las Casas estudió derecho en Salamanca y pasó con Ovando á Haití. Poseía muchas cartas del Almirante y hasta un escrito autógrafo, «sobre indicios de tierras occidentales, reunidos por pilotos y marineros portugueses y españoles». Fernando Colón contaba catorce años de edad cuando acompañó á su padre en el cuarto y último viaje, y aunque en general es mejor crítico y más juicioso historiador que Bartolomé de Las Casas, muéstrase muy reservado y de un laconismo que á veces desespera en todo lo que se relaciona con el origen genealógico y las aventuras del Almirante antes de 1492.
[12] Herrera, Historia de Las Indias Occidentales, dec. I, lib. I, cap. VI.
[13] Primera y segunda carta de Pablo Toscanelli á Cristóbal Colón. (Colección diplomática, núm. 1.º, en Navarrete, t. II, páginas 1 y 3.)
[14] Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos, cap. VII. El motivo de visitar las tierras del Gran Khan, para enseñarle, conforme á su deseo, la fe cristiana, se expresa en la carta al Rey y á la Reina, puesta al frente del Diario del primer viaje de Colón, según la copia de Las Casas. Vuestras Altezas ordenaron que no fuese por tierra al Oriente (á la India y á los pueblos del Gran Kan), por donde se acostumbra de andar, salvo por el camino de Occidente, por donde hasta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. La instrucción Real dada á Amerigo Vespucci el 15 de Septiembre de 1506, copiada por Muñoz en los Archivos de la Contratación de Sevilla, habla también de la armada que el Sr. D. Fernando mandó hacer para ir á descubrir el nacimiento de la especería. (Navarrete, t. I, pág. 2; Códice diplomático, núm. CL, t. II, página 317.)
[15] También Las Casas, Historia de las Indias, lib. I, capítulo CII, dice que iba vestido como fraile franciscano.