[45] Edrisi, Geogr. Nub., París, 1619, pág 148. Es probable que en esta fábula del canal abierto por Dhoulcarnaïn (que tiene dos cuernos), y de Kheder, ó más bien Chidr (el personaje verde), que, según Djevhari, fué uno de los compañeros de Moisés, estén mezcladas y confundidas, como en otras tradiciones antiguas populares de Arabia, ideas semíticas (fenicias) é ideas griegas, y que esta fábula sea resultado de observaciones náuticas y geológicas sobre la dirección constante de la corriente oceánica del Oeste al Este, y de la continuidad de una cordillera calcárea. Gabriel Sionita, el traductor latino de Edrisi, dice: «Is enim ad populos Andalusiæ cum pervonisset et continuas eorum quas cum incolis. Sus (terræ Barbarorum metropolis, Hartmann) habebant pugnas audivisset, operariis atque geometris ad se convocatis suum de arida illa terra fodienda et canali aperiendo animum explicuit, precipitque illis, ut terræ solum cum utriusque maris æquore metirentur; quod ubi præstitere, deprehenderunt á Mari magno (tenebroso) parum superari altitudinem Damascenum. Viene después la descripción de los diques artificiales construídos por Dhoulcarnaïn «cuyos restos vió Edrisi en las épocas de aguas bajas». Acerca del personaje principal de este mito, véase Herbelot, Bibl. Orient. (art. Escander Dhoulcarnaïn y Kheder ó Khedber), y Edrisi, África, ed. de J. M. Hartmann, 1796, pág. 313.
[46] Páginas 6, 39, 147 (Hartmann, pág. 7). M. Kurtzmann, en una Memoria premiada por la Facultad filosófica de Gottinga (Comment. de Africa geograph. Nub., 1791, pág. 8), explica el nombre de Mare Tenebrosum por la tradición de una nube vista al Oeste de Porto Santo, que descansaba en la superficie del mar, visión análoga á la de la fabulosa isla de San Borondón ó Brendan que los habitantes de Madera y de la Gomera veían todos los años al Oeste, y que llamó singularmente la atención de Colón, cuando antes de 1492 buscaba por todas partes argumentos en que apoyar su sistema.
[47] Edrisi, páginas 36 y 37. Este es el notable pasaje en que se menciona la grande isla Malai (Malaca?), muy extensa de Este á Oeste, y Soborma ó Sumatra, que es la Java minor de Marco Polo. Edrisi terminó su obra el año 1153, unos ciento sesenta años antes que Abulfeda. Así, pues, las islas Vac-vac, mejor dicho Uac-uac, eran en el siglo XII la última tierra conocida al Oriente, y por tanto, envuelta en fabulosas tradiciones, como al Oeste lo estaban, en los tiempos de Homero y Hesiodo, el Elíseo, las Hespérides y las Gorgonias. No deben confundirse las islas Vac-vac del mar de Sin con una isla del mismo nombre, cerca de Sofala, en la costa oriental de África (Hartmann, páginas 104-109). Las primeras, según Bakui y Ebn Tophaïli, comentado por Eichhorn, son «tan ricas de oro, que los monos llevan collares de este metal, y el árbol que grita uak uak á los que desembarcan (sin duda cuando algunos grandes Psittaceas anidaban en ellos), tienen en la extremidad de sus ramas, primero abundantes flores, y después, en vez de frutos, bellas muchachas que llegaron á ser objeto de exportación, y que Masudi Khothbeddin llama puellas vasvaskienses».
[48] El final de este pasaje (Edrisi, pág. 3) casi recuerda la imagen cosmogónica que empleaba la escuela de Thales; sin embargo, Edrisi construyó para el rey Roger II de Sicilia un globo terrestre de plata, según d’Herbelot y Pococke, de 800 marcos de peso (William Vincent, Commerce and navigation, t. II, pág. 568), y en las primeras páginas de sus Relaxationes animi curiosi, admite: Terram esse rotundam globi instar, ac non habere perfectam rotunditatem quia sunt in illa declivitates, et aqua fluit ab acclivi ad declive. La circunferencia de la tierra está indicada en Edrisi conforme al cálculo de los indios, expresión que aumenta el número de testimonios dados por los Sres. Colebrooke, Guillermo de Schlegel, y recientemente Federico Rosen (en su traducción y comentario del álgebra, de Mohamed Ben Musa), de lo cosechado por los árabes en la literatura más antigua de los indios.
[49] Creaturæ omnes sunt septemtrionali terræ parte, etc. (Edrisi, pág. 2).
[50] Alberti Magni Germani, Philosoph. principis, Liber cosmographicus de natura locorum, Argentor, 1515, fol. 14 b y 23 a.
[51] Los razonamientos de Alberto el Grande sobre el calor más ó menos grande producido por el ángulo de incidencia de los rayos solares, variable con las latitudes y las estaciones, como sobre los efectos frigoríficos y caloríficos de las montañas (loc. cit., lib. III, fol. 23 b.) son muy exactos y parecen no pertenecer á la época en que vivía este hombre eruditísimo.
[52] Esta fe en la erudición astronómica de los indios en un provincial de los dominicos, que ignoraba hasta el nombre de sanscrito, es muy notable.
[53] Su muerte, como lo ha comprobado Muñoz con documentos auténticos, ocurrió en Sevilla el 22 de Febrero de 1512, y no como pretende el biógrafo de Vespucci, Bandini, en 1516, en Terceira. Si es cierto que Vespucci vió, como él asegura, en su tercer viaje (desde Mayo de 1501 á Septiembre de 1502) la constelación de la Osa Mayor en el horizonte, llegó en las costas orientales de América hasta el grado 26 de latitud austral, y no hasta el 32 como él mismo afirma. Más cierto es que Juan Díaz de Solís navegó en 1508 hasta el grado 40 Sur, sin ver, no obstante, la embocadura del Río de la Plata, que descubrió en un segundo viaje, partiendo del puerto de Lepe en Octubre de 1515.
[54] Fratris Rogeri Bacon, Ord. Minorum, Opus majus, Londini, 1733, páginas 445, 447. Al hablar de este grande hombre del siglo XIII, no necesito recordar que la libertad de espíritu de Roger Bacon no le emancipaba completamente de las quimeras de la química de las transformaciones y de la afición á la astrología. Esperaba, sin embargo, hacer ésta «menos engañosa por el perfeccionamiento de las tablas astronómicas.»