[234] Herrera, Déc. I, lib. VII, cap. 6. «El Duque de Alba era de los Grandes de Castilla el que más, en aquellos tiempos; privaba con el Rey, y no pudo el Almirante (D. Diego) ligarse á casa del Reino que tanto le conviniese, ya que su justicia no le valía.
[235] Conservado en la Historia de las Indias de Las Casas. Navarrete, t. II, Doc. CLXIII, pág. 322.
[236] «Los enemigos de Diego Colón, dice Herrera (Déc. I, libro VII, cap. 12) acudieron á la calumnia para acusarle de que quería declararse independiente, acusación dirigida antes contra su padre. Un hombre de guerra, Amador de Lares, que había hecho las campañas de Italia, les demostró en vano que la construcción que les parecía ser de una casa fuerte la motivaba el calor del clima.» Acusación semejante fué dirigida unos tres siglos después contra el joven virrey de Méjico, el conde Bernardo Gálvez, cuando, con grandes gastos, construyó el castillejo que corona la colina de Chapoltepec.
[237] Este nombre es el diminutivo de becerro. El P. Charlevoix, jesuíta, no muy crédulo por cierto, coleccionó los cuentos que circulaban entre los conquistadores acerca de la astucia y la nobleza de carácter de Becerrillo, al cual llama constantemente, por error, Berezillo (Hist. de S. Domingo, t. I, pág. 281). Después de cuatro años de hazañas, el famoso perro fué muerto por los caribes en 1514, casi en el momento en que lograba librar de manos del enemigo á su amo, el valeroso Sancho de Arango (Herrera, Déc. I, lib. VII, cap. 13; lib. X, cap. 10). Es desgraciadamente ciertísimo que Cristóbal Colón había introducido la abominable costumbre de hacer combatir á los perros contra los indígenas. Tan pronto como se reunió con su hermano Bartolomé en Haïti, emprendieron juntos una expedición contra el rey Manicatex, en la cual llevó veinte perros corsos (Vida del Almirante, cap. 60). Empleaban también estos animales para destrozar á los llamados culpables (Petr. Mart. Ocean., Déc. III, lib. I, pág. 208).
Los pueblos de Europa renuevan siempre, en las guerras civiles, las crueldades de los tiempos más bárbaros. En la expedición francesa á Santo Domingo, en 1802, ocurrieron hechos como el de quemar negros prisioneros á fuego lento, en medio de una gran población, y el de valerse de perros de Cuba, que adquirieron triste celebridad por su empleo para la caza de hombres. Esta caza hasta ha sido defendida en el seno de una asamblea legislativa en Jamaica, con todo el lujo de una erudición filológica. (Véase mi Rélat. hist., t. III, páginas 453 y 457.)
[238] Mosiur de Gebres, dice ingenuamente Herrera (Déc. II, libro II, cap. 19), principal consultor de las mercedes del Rey, no sabía lo que eran las Indias.
[239] Cod. Col. Amer., pág. LXIII; pero, según un árbol genealógico examinado por Washington Irving (t. IV, pág. 102), María, la hija del almirante D. Diego, se casó con Sancho de Córdova. Es, sin embargo, cierto que la abadesa de un convento de Valladolid pretendía tener parte en el mayorazgo del difunto. (Mem. de Turín, 1805, pág. 190.) Fundaba acaso sus derechos en la parte debida á otra María, hija del tercer Almirante y también religiosa profesa.
[240] El primitivo título, según parece, fué el de Marqués de la Vega, tomado de un caserío de Jamaica (isla de Santiago) que tenía dicho nombre. (Charlevoix, t. I, pág. 477.)
[241] Veragua, Cubagua é Inagua son nombres indios, tomados de lenguas americanas muy distintas, y tan alterados y viciados, sin duda, que tienen, al parecer, terminaciones romanas. Para que no se crea que es error tipográfico, debo decir que al escribir Duque de Veraguas me atengo á la costumbre vigente en España; pues esta comarca siempre la nombró Cristóbal Colón en la Lettera rarissima, y su hijo en la Vida de su padre, como también Pedro Mártir (Ocean., págs. 135, 189 y 237) y en las cartas modernas del Depósito Hidrográfico de Madrid, Beragua ó Veragua. Méndez en su testamento (Nav., t. I, página 315), la llama Veragoa.
[242] Carta de Jamaica del 7 de Julio de 1503 (Nav., t. I, página 302): Vida del Almir., cap. 95-100. El Río de Belén, llamado por Méndez en su testamento Yebra, pertenece ahora á la provincia del Panamá, formando casi el límite de las provincias de Panamá y de Veragua.