[256] En cuanto al sitio de estos desgraciados puntos, hay errores en las firmas presentadas en la mayoría de las obras impresas que repiten la firma enigmática de Colón. Exceptúo las obras de Navarrete y de Bossi (t. I, figuras 4 y 5).

[257] No usaba el latín aunque, habiendo estudiado en Pavía, supo latín y hizo versos. (Herrera, Déc. I, lib. VI, cap. 15.)

[258] Se ha puesto en duda el conocimiento de la pesantez de los fluidos elásticos en los escritos de Aristóteles. Sin embargo, el pasaje (Meteorológica, I, 3, pág. 341, 5 Bekk) ἀλλ’ ἀεὶ ὃ, τι ἂν βαρύνηται μóριον αὐτοῦ (τοῦ ἀέρος), paréceme ser una prueba evidente de esta verdad.

[259] Aristóteles atribuye el descubrimiento de la isla á los cartagineses; Diodoro á los fenicios, y lo que refiere acerca de la construcción del templo de Hércules, en Gades, prueba bien que en este punto no los confunde con los cartagineses. No nombra á éstos sino después de hablar de la rivalidad de los tyrrenos. Según Aristóteles, lo que indujo al Senado cartaginés á prohibir la colonización fué el temor á que los colonos se hicieran independientes y perjudicaran con su comercio el de la madre patria.

[260] Letronne en el Journal des Savans, Febrero-Mayo 1825, pág. 236.

[261] Si, como lo hace M. Ideler (Handb. der Chron., t. I, página 375), se supone la toma de Troya 1184 años antes de nuestra era, corresponde la fundación de Gades y de Utica al de 1085; el restablecimiento de los juegos olímpicos por Iphito al de 888; la fundación de Cartago al de 878; la de Roma en la primavera de 753, según Varrón. El mármol de Paros da para la toma de Troya, que, á pesar de todo, se comprende entre los acontecimientos completamente históricos, 1208 antes de nuestra era. (Boeckh, Corp. Inscr., t. II, pág. 327.)

[262] Es sensible que, á pesar de las órdenes terminantes del rey Carlos III, la mayoría de las obras de este historiador hayan quedado inéditas. Su Historia natural y general de las Indias, islas y tierra-firme del mar Océano contiene 50 libros y sólo se han impreso 19. El ingenuo candor de los primeros escritores conquistadores, que no hacían libros con libros, nos indemniza de su falta de instrucción. «Yo hablo, dice Oviedo, de lo que he visto, no de lo que he oído; y he presenciado cuatro cosas notables. Estuve, como paje muchacho, en el sitio de Granada, y vi entrar á nuestros Reyes vencedores de los moros; también vi en 1493 al Rey, herido en Barcelona por mano de un asesino, palidecer á causa de la herida; vi llegar á Cristóbal Colón y presentar los primeros indios; vi echar á los judíos de Castilla.»

[263] Ora maritima, v. 96, 108, 113. (Poetæ lat. min., ed. Wernsd, t. V, parte II, pág. 1.181-1.184). Avieno ignora el nombre de Cassitérides ó desdeña emplearlo, acudiendo (según asegura) á fuentes más antiguas. Estos nombres de «Sinus Oestrymnicus é Insulæ Oestrymnides laxe jacentes» (muy alejadas las unas de las otras, dispersas en el mar exterior), ¿serán de un Periplo de Himilcón, quien visitó, «durante cuatro meses», las costas Occidentales de Europa, como Hannón había visitado las de África? Pytheas cree haber oído nombres parecidos en estas comarcas, al reconocer, según Eratósthenes (Estrabón lib. I, pág. 112, Alm.; pág. 64, Cas.), un promontorio de los Ostidamnienos. De estos nombres geográficos, islas Oestrymnidas del golfo Oestrymniano y del promontorio Ostimniano, que citan autores de tan distinta época, ninguna mención hacen los clásicos. Estrabón, que aprovecha con este motivo la ocasión para protestar de nuevo contra las ficciones de Pytheas comprendió perfectamente que se trataba de localidades cuya posición es mucho más boreal.

[264] Véase, con motivo de este pasaje de Estrabón y de un texto de Herodoto citado en la misma página Spohn, Diss. de Nicephoro Blemmyda, 1818, pág. 22, con amargas inculpaciones contra M. Tzschucke (Adnotat. ad Melam., vol. III, pars. I, pág. 95).

[265] Los antescianos ó antomos de Iberia encuéntranse en África y no en la India. En este mismo sentido Ptolomeo llama la tierra opuesta una masa continental situada más allá del Ecuador entre los mismos meridianos. La definición de antomos, ἄντωμοι, dada en la Astronomía antigua, de M. Delambre (t. I, pág. LIV), es, pues, inexacta y está en contradicción directa con las buenas definiciones. Encuéntranse además confundidos con frecuencia en los autores de la Edad Media los antípodas con los antichtonios. Estas palabras no son precisamente sinónimas, como lo prueban, por ejemplo, los pasajes de Mela, I, 9, 4, y de Plinio, VI, 22-24. Ambos autores, al hablar de Trapobana ó de la tierra opuesta, donde pudiera tener el Nilo su fuente transmarina, toman Γῆν ἀντίχθωνα por una tierra de los Anticianos. Cristóbal Colón no fué ciertamente á los antípodas de Europa, y, sin embargo, Pedro Mártir de Anghiera tiene noticias de que van de España «ad occiduos Antipodas» (Opus. Epistol., pág. 133).