[266] M. Mannert. En el Einleit. in die Geog. der Alten, pág. 74, dice: «Pytheas fué el primero que tuvo la idea de que, navegando desde Europa hacía el Oeste, se llegaría á la India, idea que hizo hallar América á Cristóbal Colón.» Lo que sencillamente refiere Estrabón es que Eratósthenes, en su valuación del tamaño de la clamyde se funda en la opinión que tennía Pytheas del intervalo desde el Borystenes á Thulé. Pronto veremos que es en Posidonio (Estrabón, lib. II, página 161, Alm.; pág. 102, Cas.) donde se encuentra el pensamiento de Eratósthenes y no en lo poco que sabernos de Pytheas, tan injustamente tratado por los que no han podido ó no han querido comprenderlo.

[267] Conservo la palabra vértebra, empleada hasta ahora por los traductores de Estrabón. Es, sin embargo, muy probable que en vez de aludir al esqueleto de los animales vertebrados, quisiera designar Estrabón una forma circular (anillo) ó superficie convexa ó cilíndrica, como la que presentan, ó el peso del huso (verticillus en Plinio XXXVII, c. 2, peso muy ligero y de materia parecida al ámbar), ó las partes cilíndricas del fuste de una columna (Athen. Deipn., v. pág. 206, donde se encuentra descrito el famoso barco del Nilo, el Thalamegus, adornado con columnas cuyas partes eran de distintos colores, parecidas á algunos edificios modernos de Florencia).

[268] En el notable pasaje que trata del comercio de Thinæ (Periplus Marciani Heracl., pág. 14, y Arriani Periplus maris Erythr., pág. 30 Hudson) este puerto está representado como perteneciente al país de los Sinæ, país separado de la India extra Gangem. Tales eran los conocimientos debidos á más extensa navegación.

[269] Cito con preferencia estas denominaciones de la tierra de los Antichtonios, que, en siglos posteriores, ha sido idénticamente aplicada á América. Finis erat orbis ora gallici litoris, nisi Britannia insula amplitudine nomen Orbis alterius mereatur. (Dicuil, De mesura orb. terræ, p. 50, Walck; pasaje imitado de Floro III, 10, 16.) acerca de las dificultades con que tropiezan los habitantes de la tierra austral, Antichtonios, para comunicarse con los habitantes de nuestro οἰκουμένη, véanse dos párrafos notables en Cleón, Cyel. Théor., t. II (ed. Theop. Schmidt, 1832, págs. 11-12) y en Geminus, Elem. Astr., c. 13. (Pet. Uran., pág. 52.) El primero añade: «La existencia de esta tierra antichtona (de los Anticianos) la hemos sabido por consideraciones (teóricas) de física general, φυσιολογία, no por la experiencia (de hechos históricos).»

[270] Omnis terra quamvis ab Oceano tamquam ingens quædam insula circumvallatur, habitabilis tamen non undique globea est: cum utrumque ad solis semitam altius erecta caliginosæ cujusdam nubeculæ (ut inquit Anthonius Veronensis), speciem præstet, clamydisque formam præse fert, inquit Strabo in tertio: quoniam duas fibulas versus arcton habere conspicitur, quæ si coirent clamydis figurarent speciem. Cosmographia, en la Manuductio in tabulas Ptholomei, composita per Laur. Corvinum Basil., 1496, fol. 10, a.

[271] Du Theil, t. IV, parte I., pág. 295.

[272] Parece que Plinio recordó este pasaje de Séneca, cuando dijo: «Hæ tot portiones terræ, imo vero, ut plures tradidere, mundi punctus, neque enim est aliud terra in universo. Hæc est materia gloriæ nostræ; hic exercemus imperia, hic instauramus bella civilia, etc.» Pero estos filósofos del primer siglo de los Césares, generalmente estoicos, predicadores también del panteísmo, cuando era á propósito para la elocuencia de los retóricos (Plinio, II, I, 4, 7), presentan una monotonía de formas en sus tratados de filosofía moral que sólo han sabido sobrepujar nuestros teólogos.

[273] Por lo frecuente que es confundir al célebre filósofo L. Annæus Séneca con su padre, M. Annæus, esposo de Helvia, y á quien erróneamente han sido atribuídas las tragedias, los profesores de Salamanca, en las famosas polémicas con Cristóbal Colón en 1487, de que antes hablamos, le objetaban «que la extensión del Océano era infinita, como lo probaba el filósofo Séneca». En este argumento de los catedráticos de Salamanca no hay más que un error de persona: quisieron hablar del retórico M. Annæus Séneca, que vivió en tiempo de Augusto en Roma, y trata en las Suasoriæ (I, I) esta tesis: ¿Se embarcará Alejandro en el Océano, estando la India á la extremidad del mundo, más allá de la cual comienza la noche eterna? Voss (Kleine Schriften, t. II, pág. 241). La frase que emplea Fernando Colón, en la Vida del Almirante (cap. XI), de que los profesores se fundaban en la autoridad de Séneca, quien asegura, por vía de cuestión, que en tres años no se llegaría al fin de Levante, denota las Suasoriæ, las ficticias discusiones de los retóricos. En el texto no se habla de los tres años; se afirma «ultra Oceanum rursus alia littora, alium nasci orbem, nec usquam naturam rerum desinere sed simper usde ubi desisse videatur, novam exurgere»; pero el autor deduce, después de largas y fútiles digresiones, que Alejandro no debe embarcarse para buscar otro mundo. Idéntica deducción hacía la Facultad de Salamanca en 1487, procurando, por medio de doctos argumentos, impedir el descubrimiento de América.

[274] Objiciebant etiam eloquentiæ laudem uni sibi adsiscere et carmina crebrius factitare, postquam Neroni amor eorum venisset. (Ann., XIV, 52.)

[275] «Oceanus terras velut vinculum circumfluit.» (M. Ann. Séneca, Suas. I, pág. 5, ed. Bip.)