[276] Es perfectamente inútil hacer viajar á Séneca, ni aun como lo supone Gronovius, desde Egipto á la India. (L. Ann. Sen., Medea et Troades, ed. Ang. Matthiæ, 1828, páginas 14, 19, 92).

[277] Ortelii, Teatr. orbis terr., 1601 (in art. Nov. Orbis).

[278] Thucydides ait (III, 89), circa Peloponnesiaci belli tempus (anno sexto) Atalantam insulam aut totam aut certe máxima ex parte suppresam. Nat. Quæst., VI, 24. Véase también Estrabón, lib. I, pág. 105, Alm; pág. 61, Cas. Esta gran revolución física coincide, con diferencia de un año, con la tercera erupción del Etna de que hace mención la historia, después del establecimiento de los griegos en Sicilia, es decir, desde la primera fundación de Siracusa, Ol. 5, 4, según la crónica de Paros (Boeckh. Corp. Inser. Græc., t. II, pág. 335). Los terremotos del mar Egeo ¿preludiaron la erupción del Etna, á pesar de la diferencia de los dos sistemas de acción, de igual manera que hemos visto la relación entre los movimientos subterráneos de las Azores, la Luisiana y la costa de Caracas? (Rélat. hist., t. II, págs. 4-21.) No Homero, sino Hesiodo conocía el nombre del Etna, si es cierto que la palabra Αἴτνη estaba realmente en el texto de Hesiodo y que Eratósthenes no interpretó al poeta (Teogonia, v. 860), por conjeturas. En el reinado de Hierón hubo una erupción (Ol. 75, 2) grandísima que motivó las descripciones de Píndaro y de Esquilo. Refiere Diodoro (v. 6) que mucho tiempo antes de la guerra de Troya, los Sicarios, habitantes primitivos de la parte oriental de Sicilia, y por tanto, anteriores á los Sículos, se vieron obligados, por las erupciones del Etna, que duraron muchos años, á refugiarse en las partes occidentales de la isla. Tucídides llama tercera erupción á la de la Ol. 88, 3 (lib. III, 116). Es probable que Hesiodo conociera el Etna por los fenómenos volcánicos anteriores al establecimiento de las colonias griegas.

[279] Timæus, vol. III, págs. 20-25; Critias, págs. 109-121 (Platón, t. IX, págs. 287-297; t. X, págs. 39-66, ed. Bip). De estas dos obras de la vejez de Platón el último diálogo no está terminado (véase también Estrabón, II, pág. 160, Alm. pág. 102, Cas.); según testimonio de Posidonio, no de Polibio, como se ha dicho en una obra llena de exactas investigaciones, Hoff, Gesch. der natürl. Verand., der Erdoberfl., t. I, pág. 169: «Posidonio encuentra más atinado adoptar la tradición (de los sacerdotes egipcios) que decir de este país lo que se dijo del atrincheramiento de Homero: quien lo ha imaginado lo habrá hecho desaparecer.» La muralla que debía poner á cubierto el campo de los griegos, «probablemente no existió jamás (Estrabón, XIII, pág. 893, Alm.; pág. 598, Cas.) y no debe su destrucción, como Aristóteles dice, á la imaginación de Homero»; Platón figura el país de la Atlántida un país de elefantes en el cual hasta se encuentran los nombres de las lenguas semíticas, porque un hermano de Atlas se llama «Gadeiros, lo que en griego quiere decir Eumelos», rico en ganados. Sabemos, sin embargo, por un fragmento de Salustio (Nunnes ad Melam., pág. 525), por Plinio (IV, 36), Dionisio el Periegetes, y sobre todo por Avieno (Ora mar., v. 267), quien se alaba con frecuencia de estas noticias tomadas de Himilcón, que Gaddir ó Gadeira es una raíz púnica (Punicorum lingua conseptum locum Gaddir vocabant. Poetæ Lat. Mim., t. V, pág. 1212, ed. Wernsd).

[280] Este nombre de Meropis, relacionado con el del titán Atlas, ¿aludía á la única de sus hijas, unida á un mortal y que, en las Pléyades permanecía velada (obscurecida), casi oculta á las miradas de los hombres? (Apollod., Bibl., III, 10, 1, pág. 83, ed. Heyne.)

[281] En el mismo diálogo se dan distintas dimensiones á Atlántida. (Crit., págs. 108-118.)

[282] Véase Kleine, Quæst, quædan de Solonis vita et fragmentis. Duisb., 1832, pág. 8. Por otra parte, M. Bach (Solonis Athen. carmina quæ supersunt, Bonnæ ad Rhen, 825, páginas 35-56 y 113) cree que la familia de Platón conservó, no como tradición, sino como poema, un escrito designado con las palabras λóγος Ατλαντικóς.

[283] Plinio, VI, 31, conoce, además de la gran Atlántida de Solón, otra isla pequeña de igual nombre, á cinco días de navegación del Hespérion Ceras (¿Cabo Non? Gosselin, Rech., t. I, pág. 145). Esta última pudiera ser muy bien una de las siete islas de las Ætiópicas de Marcelo y pertenecer á las Canarias. También M. Heeren reconoce en la isla «herbarum abundans atque Saturno sacra» de Avieno (Ora mar., v. 165) isla cuyo suelo está trastornado por espantosos terremotos, mientras la mar inmediata permanece tranquila, el volcán de Tenerife. Ideen über Politik, 1825, II, I, pág. 106.

[284] M. de Sainte-Croix (Examen des historiens d’Alexandre, pág. 737) creía sin embargo que en la Gulliveriada de Iambulo había algún fondo de verdad. Un joven escritor, profundamente versado en las lenguas y en los alfabetos del Asia meridional y oriental, M. Jacquet, fijó recientemente la atención (Nouveau Journal Asiatique, t. XIII, pág. 30, t. IX, pág. 508) en este pueblo, «que usaba letras según los signos indicadores en número de veintisiete, pero según las figuras que tenían, sólo siete, siendo cada una susceptible de cuatro modificaciones» como en los alfabetos silábicos indios. Puede admitirse que en estos Viajes imaginarios mezclábanse á las fingidas descripciones locales algunos rasgos de costumbres y de usos que se conocían vagamente por las incoherentes relaciones de los antiguos navegantes. La mezcla de verdad y de ficción parece que existió especialmente en la Panchaïa de Evhemero (Gosselin, t. II, pág. 138).

[285] Letronne, Idees cosmog., páginas 8 y 9. M. Heeren (II, I, páginas 206, 240; II, 2, pág. 438) cree, en vista de la ruta de las caravanas, indicada por Herodoto, á la parte de allá de los Garamantes, que la tierra de los Atlantes de Herodoto debía estar entre el Fezan y el Bornu.