[286] En el texto de Anaxágoras de Clazoménes, conservado por Simplicio, páginas 89, 93, 110, ed. Schaubach, hay un pasaje bastante obscuro relativo á otro mundo, que ciertamente no es un mundo imaginario visto sólo por la inteligencia.

[287] «Phavorini fragmentum ἐν ταῖς παντοδαπαῖς ἱστορίαις apud Stephanum Byzantinum ad vocem Ὠκεανóς legimus quod ita se habet: Προσαγορεύουσι δὲ τὴν ἔξω θάλατταν ἐκεῖνου μὲν οἱ πολλοὶ τῶν βαρβάρων Ὠκεανόν, οἱ δὲ τὴν Ἀσίαν οἰκοῦντες μεγάλην θάλατταν, οἱ δὲ Ἕλληνες Ἀτλαντικóν πέλαγος. Moneo hunc locum satis gravi momento comprobare neque Oceani nomen, neque notionem illam maris terram cingentis græcæ esse originis.» (Sphon de Niceph. Blemm. duob. opusc, geogr., 1818, pág. 23). Este pasaje muy notable y muy decisivo de Favorino confirma los motivos históricos y etimológicos, alegados antes, del origen semítico (fenicio) de la ficción y del nombre de un río Océano que forma un círculo alrededor de la masa unida de las tierras. Véase también sobre las raíces hag (ag) y og: Villanueva, Phenician Ireland, 1833, pág. 65, obra cuyo estilo y método distan bastante de la severidad de una buena crítica filológica. Habitantes de la costa del mar Egeo, los Helenos conocían, por sus propias navegaciones, el mar Negro antes que el Océano. De aquí el nombre de Ponto (Πόντος) dado á la cuenca que parecía más grande, como el nombre de Poeta dado κατ’ ἐξοχήν al mayor de todos, á Homero.» (Estrabón, lib. I, pág. 39, Alm.; pág. 21, Cas.)

[288] Cujus libri auctoritatem, dice el Cardenal, sancti habuerunt in reverentia et veritatis sacras per eum confirmarunt.

[289] Lutero lo compara «á las fábulas de Esopo».

[290] Wilford, en el Asiatic Researches, t. VIII, pág. 376.

[291] Pitágoras, Parménides y Posidonio no conocían más que cinco ó seis zonas (Estrabón, lib. II, pág. 105, Alm.; pág. 94, Cas.), mientras en la India la división es ó en cuatro ó en siete zonas.

[292] Carl, das Buch Hiob, 1824, pág. 223.

[293] Sobre la gravedad universal en la superficie de la tierra, del sol y de la luna; sobre los efectos de la reflexión de los espejos agrandando ó multiplicando las imágenes; sobre la visibilidad de la luna en los eclipses totales; sobre las montañas especialmente luminosas de la luna (podría creerse que en este punto aludía á Aristarco y á los volcanes que algunos astrónomos modernos pretenden ver en actividad desde aquí abajo); y sobre la falta de calor en los rayos lunares.

[294] Después de repetir el pasaje de la Medea de Séneca, citado con tanta frecuencia desde 1492, el célebre geógrafo añade: «Ego quoque ejus (Novi Orbis) mentionen fieri á Plutarcho de Facie in orbe lunæ sub nomine. Magnæ continentis puto.» (Ortelio, Orb, terrar., 1570, art. Nov. Orb.)

[295] Letronne. Essai sur le mythe d’Atlas., p. 18.