[296] Estrabón sitúa también al Norte, cerca de los montes Ripheos, una montaña llamada Ogygia.

[297] Gesenius, Jesaia, t. II, pág. 324 (véase también Loka-loka, según Amara-Cosha en el diccionario de Wilson). Esta idea de un Gran Continente montañoso, situado más allá de la cintura oceánica y habitado por hombres antes del diluvio, es también de muchos Padres de la Iglesia, y ha sido expuesta por Cosmas Indicopleustes.

[298] Este interlocutor reaparece en los diálogos Defectu Oraculorum y de EI apud Delphos con Ammonio, preceptor de Plutarco y el matemático Menelao. El nombre de Lamprias es también el del hijo de Plutarco.

[299] En la Vida de Agrícola (cap. 10) atribuye, al contrario, Tácito estos mismos fenómenos á un mare pigrum et grave remigantibus, á la ausencia de tierras que son llamadas con razón causa et materia tempestatum; porque la desigual distribución de las superficies opacas (continentales) y diáfanas (oceánicas), es una de las principales causas del conflicto de las corrientes aéreas y de las explosiones eléctricas en la atmósfera. El nombre de mar Cronieno que Plutarco generaliza, no se aplicaba, propiamente hablando, sino más allá del promontorium Rubeæ, que separaba este mar (Plinio, IV, 13, Ducuil, de Mens terræ, VII, pág. 32, Walck) del Morimarimarusa ó Morimarusa, nombre, que, según Philemón, en la lengua de los cimbrios significa Mar Muerto. He aquí dos palabras que, según las observaciones de M. Bopp, pertenecen al parecer al sistema de las lenguas indo-germánicas, aunque con menos claridad y evidencia que Iabadiu (isla de cebada), dos palabras sanskritas, cuya significación nos conservó Ptolomeo (Geogr., libro VII, cap. 2). M. Welcker, en su ingeniosa Memoria sobre el sitio de la tierra de los Pheacienos, cree que la palabra Morimarusa alude al pasaje de los muertos en el Océano boreal, que pudo haber tomado Tácito de un comentario perdido de Plutarco, sobre Hesiodo.

[300] Esta prolongación boreal presenta un nuevo dato de analogía con la Gran Tierra de los Méropes de Theopompo, desde la cual se hace directamente, como á tierra próxima, una incursión en la comarca de los hiperbóreos.

[301] En otro sitio del mismo Tratado de las manchas lunares habla nuevamente Plutarco de la falsa idea de Estrabón y de la Escuela de Alejandría, sobre la salida del mar Caspio, que compara con el golfo Arábigo. Al admitir el mismo error Macrobio, que vivió trescientos años después que Plutarco, creyóse al menos obligado á mencionar al mismo tiempo la antigua opinión de Herodoto y del Stagirita: «Caspium mare unde oriatur (ex Oceano) inveniens: licet non ignorem, esse non nullus qui ei de Oceano ingressum negent.» (Macrobio, Comm. in Somn. Scip., II, 9).

[302] Estrabón censura severamente el género bastardo que consiste «en describir el mito en forma de historia, mezclándo, por ignorancia y como adorno poético, sucesos fingidos, y hechos positivos y ciertos». Añade, además, que al mismo Theopompo le importaba poco confesarse culpado de esta mezcla.

[303] Véase el pasaje de Tertuliano, adversas Hermog., c. 25, que ya hemos citado. Sileni alius orbis. Si Theopompo no empleo las mismas palabras, de Nuevo Mundo, á lo menos llama á Meropis ἐκείνην (γῆν) τὴν ἔξω τούτου τοῦ κόσμου.

[304] Véase Epítome de la Biblioteca Oriental y Occidental, por el licenciado Antonio León. Madrid, 1623, pág. 68. Otra edición de las Oceánicas se publicó en Basilea en 1523.

[305] Es el Conde de Büren, que los escritores franceses y españoles escriben Beure, Bure ó Bures, como el nombre de Guillermo de Croy, señor de Chevres, está escrito Xebres, Gevres ó Crouy Chievres. Estos dos personajes, en unión del erudito Adriano, hijo de un fabricante de tapices (Floris Boyens, de Utrecht), estuvieron encargados de la educación de Carlos V.