Uno de los testigos dice que Colón ofreció que le cortara la cabeza Pinzón si en un día y una noche no veían tierra; otro, al contrario, habla de la pusilanimidad del Almirante, y asegura que Vicente Yáñez Pinzón, tercer hermano de Alonso y capitán de la Niña, no quería volver sino después de caminar dos mil millas al Oeste. Alonso, según el mismo testimonio de Vallejo, exclamó que sería una vergüenza abandonar el proyecto con la armada de tan gran rey, y que su corazón le decía que para encontrar tierra necesitaban dirigirse al Sudoeste.
Rodeado el Almirante por los tres hermanos Pinzón, hombres ricos, de mucha consideración y que no le amaban, debía ceder á sus consejos. Además, la inspiración de Alonso Pinzón era menos misteriosa de lo que parecía á primera vista. Vallejo, marinero natural de Moguer, declara ingenuamente en el pleito, que Pinzón vió por la tarde pasar loros, y sabía que estas aves no volaban sin motivo hacia el Sur.
Nunca ha tenido el vuelo de las aves en los tiempos modernos más graves consecuencias, porque el cambio de rumbo efectuado el 7 de Octubre[96] decidió la dirección en que se hicieron los primeros establecimientos de los españoles en América.
La posición de la carabela Santa María el día 7 de Octubre de 1492 (que ya he indicado, era lat. 25° ½, long. 65° ½) fúndase en la hipótesis enunciada por los Sres. Navarrete y Moreno, de que la primera isla de América vista por Colón, y llamada en su Diario Guanahaní[97] ó San Salvador, no es San Salvador el Grande (una de las islas Bahamas, Cat Island) de nuestros mapas modernos, en el meridiano de Nipe, puerto de la isla de Cuba, sino la isla de la Gran Salina, del archipiélago de las Turcas, casi en el meridiano de la punta Isabelica, en la isla de Santo Domingo. Ahora bien; según las bellas cartas marinas de M. de Mayne, cuyas posiciones he comparado frecuentemente con las obtenidas por mí, empleando medios astronómicos, hay de Cat Island á las islas Turcas una diferencia de longitud de 4° 9′; y aunque hubiera sido hecha toda la travesía entre los paralelos 26° y 28° y no en la misma región tropical, la diferencia de 83 leguas marinas hacia el Este debe parecer tanto más extraordinaria cuanto que las corrientes, llevando generalmente al Oeste, debieron situar el barco más allá del punto de estima.
Estas dudas acerca de la longitud del punto donde se llegó á tierra en nada debilitan las reflexiones que antes hemos expuesto acerca de la influencia más ó menos grande que, sin el cambio de rumbo del 7 de Octubre, pudo ejercer el Gulf Stream en la suerte y condición de la América septentrional; pero tales dudas hay que examinarlas aquí concienzudamente por lo que interesan á la geografía histórica, y el deber de hacerlo es tanto más imperioso, cuanto que la hipótesis de Navarrete, identificando la isla Guanahaní con una de las islas Turcas, al Norte de Santo Domingo, fué acogida con sobrada precipitación; y existe un nuevo documento, el Mapamundi de Juan de la Cosa del año de 1500, cuya grande importancia hemos descubierto Mr. Valckenaer y yo, en 1832, que aumenta el valor de las objeciones consignadas en la Vida de Cristóbal Colón por Washington Irving.
Puede decirse que hasta donde llega la civilización europea, los más dulces recuerdos de la infancia van unidos á las impresiones que ha producido la primera lectura del descubrimiento de Guanahaní. Aquellas luces movibles que el Almirante mostró á Pedro Gutiérrez en la obscuridad de la noche; aquella playa arenosa iluminada por la luna[98] que vió Juan Rodríguez Bermejo, han impresionado nuestra imaginación. Consérvanse minuciosamente los nombres y apellidos de los marinos que pretendieron ser los primeros en ver un pedazo de un nuevo mundo, y ¿nos veremos precisados á no poder relacionar estos recuerdos con una localidad determinada; á mirar como vago é incierto el lugar de la escena?
Afortunadamente estoy en situación de acabar con estas incertidumbres por medio de un documente geográfico tan antiguo como desconocido, documento que confirma irrevocablemente el resultado de los argumentos que consignó en su obra Mr. Washington Irving contra la hipótesis de las islas Turcas. Un marino americano muy experto, que conocía por autopsia las localidades de Cat Island y del islote de la Gran Salina, probó ya la falta de semejanza entre el aspecto de este último y su posición relativa y la descripción que el Almirante hace de Guanahaní ó de San Salvador. Según dice Colón, Guanahaní es una isla bien grande y abundante en aguas dulces; sus árboles demuestran una vigorosa vegetación (toda verde, que es placer de mirarla, y huertas de árboles las más hermosas). Tiene un puerto donde caben los navíos de toda la cristiandad. En cambio la isla de la Gran Salina (Turk’s Island) apenas cuenta dos leguas de extensión, carece de agua dulce, no teniendola más que de cisterna y charcos de agua salada; carece de puerto, y su rada es peligrosa hasta el punto de ser indispensable ponerse á la vela cuando cesa la brisa de NO.
Fernando Colón dice terminantemente en la Vida del Almirante que la isla Isabela, distante sólo ocho leguas de Guanahaní, según el Diario de navegación de Cristóbal Colón, está situada 25 leguas al norte de Puerto Príncipe en la isla de Cuba[99]. Ahora bien; según la carta del Sr. Moreno, hay entre Puerto Príncipe y las islas Turcas una diferencia de 4° ½ de longitud, que, conforme á las medidas itinerarias empleadas en el Diario de Colón, forma una distancia de 76 leguas. No se puede alegar en favor de la hipótesis de Navarrete ni la segunda pregunta del Pleito, porque está refutada por la pregunta anterior[100], ni los mapas que acompañan la carta de Colón traducida en 1493 por Leandro Cozco en Roma, ni el Tratado de navegación de Medina[101]; á aquellos les falta orientación fija, y son como fantasías de dibujante; éste, publicado á mediados del siglo XVI, es, por tanto, posterior en 26 y 45 años á los mapas de Diego Rivero y de Juan de la Cosa, que, por la posición y el carácter de sus autores, deben tener autoridad de testigos irrecusables.
Como el mapamundi de 1500 que lleva el nombre del piloto Juan de la Cosa, compañero de Colón y de Ojeda en sus viajes, es un documento completamente desconocido hasta ahora, y como ni Navarrete, ni Washington Irving, ni los que han discutido el problema del primer desembarco conocieron el mapamundi de Diego Rivero, cosmógrafo del emperador Carlos V, terminado en 1529, aunque la parte americana la publicaron Güssefeld y Sprengel en 1795, reuniré aquí los hechos apropiados, para sustituirlos á las simples conjeturas.