La viruela causaba allí horribles estragos desde hacía dos años, y una sublevación de esclavos negros, que podía llegar á ser muy peligrosa, por coincidir (en 1522) con la de los indios de Uraca, dió á D. Diego ocasión de mostrar su claro talento y grande actividad; pero el odio que le tenía Figueroa, uno de los tres comisarios enviados por el cardenal Ximénez á Haïti, y las largas cuestiones con la Real Audiencia, apresuraron su vuelta á España en 1523. Enfermo siguió á la corte durante dos años á Burgos, á Valladolid, á Madrid y á Toledo, esperando siempre ser reintegrado en el goce de sus privilegios, y murió el 24 de Febrero de 1526, sin poder alcanzar á la corte en Sevilla, porque, durante el viaje, quiso hacer una novena á Nuestra Señora de Guadalupe, de la cual era tan devoto como el gran almirante Cristóbal Colón.

La virreina María de Toledo quedó con numerosa familia (tres hijas y dos hijos) en Haïti. La mayor de las hijas, María, fué religiosa en un convento de Valladolid[239]; la segunda, Juana, se casó con D. Luis de la Cueva; la tercera, Isabel, con Jorge de Portugal, conde de Gélvez, perteneciente á una rama de la casa de Braganza, establecida en España.

Los dos hijos de Diego Colón, segundo Almirante de las Indias, llamáronse Luis y Cristóbal. El primero, desde la edad de seis años, fué reconocido tercer Almirante de las Indias, pero sin que este título le confiriese ningún derecho real. Permaneció en Haïti por lo menos hasta 1533, y como el pleito que su padre comenzó contra el fisco no se acababa, por consejos de su tío D. Fernando Colón, y encontrándose ya en España en la corte de Carlos V, hizo un convenio con el Gobierno, que le valió el título de Capitán general de la Isla Española. Volvió á las Antillas; pero habiendo pedido permiso su madre la Virreina viuda á fines del año 1527 (Herrera, Déc. IV, lib. II, cap. 6), para colonizar la provincia de Veragua, descubierta en Octubre de 1502 por el primer Almirante de las Indias Cristóbal Colón, hizo cesión al Emperador en 1540 de los derechos de su familia al Virreinato y al diezmo de todos los productos (decena parte de cualquier mercaduría, según dice el párrafo tercero de la capitulación de 17 de Abril de 1492), á cambio de los títulos de Duque de Veraguas y de Marqués de Jamaica[240], y una renta anual de 10.000 doblones de oro.

Recordaremos á este propósito que Cristóbal Colón pudo adquirir en 1497 el título de Duque de la Española, pero que, por prudencia, no lo quiso aceptar, como tampoco la dotación de un territorio de 1.250 leguas cuadradas en Haïti.

La familia del Almirante conservó una predilección especial por la provincia de Veragua, que pareció á Colón la comarca de la tierra más abundante en oro, siendo allí donde tuvo la primera noticia de la existencia de un mar al Oeste.

También Cristóbal Colón y su hermano el adelantado D. Bartolomé habían fundado en aquella costa, cerca de la desembocadura del Río de Belén y frente al islote llamado Escudo de Veragua, en las tierras del poderoso Quibian (cacique) de Veragua[241], el primer pueblo de cristianos[242] en Tierra Firme, especie de fortín parecido á las antiguas factorías portuguesas en África, y que tuvieron que abandonar vergonzosamente, después de una permanencia de cuatro meses, en Abril de 1503.

Ha sucedido con Veragua como con Darien, Uraba, Cubagua y la costa de Paria, cuyos nombres conoció toda la Europa civilizada hasta mediados del siglo XVI. Las primeras tierras que se descubrieron están hoy olvidadas y casi desiertas.

El tercer Almirante de las Indias, D. Luis Colón, primer Duque de Veraguas, cuyas costumbres no fueron muy dignas de elogio[243], encontrábase en Génova en 1568, y llevaba el manuscrito de su tío Fernando, que entregó á dos patricios, Fornari y Marini. No he podido encontrar la fecha exacta de la muerte de Luis Colón; pero es positivo que falleció sin dejar hijos legítimos, porque Cristóbal, que figura en el pleito de 1583, era hijo natural. El mayorazgo y el almirantazgo de las Indias recayó, pues, en Diego, hijo del Cristóbal Colón, hermano del tercer Almirante, y de Isabel, condesa de Gélvez. Con el cuarto Almirante D. Diego Colón, segundo duque de Veraguas, acaba en 1578 toda la línea masculina y legítima del gran Colón que descubrió el Nuevo Mundo.

La herencia de una familia ilustre por la gloria de este hombre extraordinario, emparentada con las casas de Alba y de Braganza, y por tanto, con Fernando el Católico y Juan I, con las casas Reales de España y de Portugal, debía excitar no pocas ambiciones y esperanzas. El acta de institución del mayorazgo (22 de Febrero de 1498) disponía: 1.º, que cuando terminara la descendencia masculina de Diego y de Fernando, hijos, y de Bartolomé y Diego, hermanos del primer Almirante, el mayorazgo que contenía los títulos de Almirante mayor del mar Océano, Visorrey y Gobernador de las Indias y Tierra Firme, debía pasar en herencia á los parientes varones más próximos que tuviesen ellos y sus abuelos, siempre que llevaran el apellido de Colón; 2.º, que el mayorazgo no pasaría á las hembras sino cuando en otro cabo del mundo no se encontraran descendientes varones de linaje verdadero. Cristóbal Colón evitó prudentemente decir cuáles eran los parientes de su verdadero linaje en Italia, no nombrando ni á los Colón de Cogoleto, ni á los de Placencia, ni á los del castillo de Cuccaro.

El pleito comenzó en 1583, cinco años después de la muerte del cuarto Almirante D. Diego. Las partes litigantes que disputaban la herencia eran tres, no contando una comunidad de religiosas de Valladolid, ni á Cristóbal Colón, hijo natural (Mem. di Torino, 1805, página 191) del tercer Almirante D. Luis Colón.