Efectivamente, de dos obras del cardenal de Ailly, que tienen por título Vigintiloquium de concordia astronomicæ veritatis cum theologia y Tractatus de concordia astronomiæ veritatis cum narratione historica, sacó Colón tan raras conclusiones. (Véase la edición de Lovaina, á la que están unidas las obras de Gerson, fol. 89 a y 103 b. Esta gran edición de las obras del cardenal de Ailly no tiene fecha de impresión; pero, según Launoy en su Historia latina del Colegio de Navarra, París, 1677, pág. 478, parece ser de 1490.)
El primero de estos tratados tiene un título muy tranquilizador. «Como, según los filosofos, dos verdades no pueden jamás contradecirse, las verdades astronómicas deben estar siempre de acuerdo con la teología.» Newton era también de esta opinión, que las dinastías de Egipto obligan á poner en duda.
El verbo XI del Vigintiloquium, citado por Colón, habla, en efecto, de 7.000 años que tendrá de vida el mundo, pero no del rey Alfonso, á quien no se nombra sino en el verbo XII, donde se dice que este rey contaba 143 años más que Beda desde el diluvio hasta Cristo, es decir, 3.094 años, añadiendo 143 á 2.951. Sin embargo, la cita de Colón (5.343 años, más 318 días transcurridos desde Adán hasta Cristo) es completamente exacta, si se añade al tiempo que el rey Alfonso cuenta desde el diluvio hasta Adán en la editio princeps de sus tablas (impr. Erhard. Ratdolt Augustensis, 1483), los 2.242 que los Setenta y San Isidoro (Orígenes, lib. V, cap. 39, y Chronicon, ætas I en Opp. omnia, ed. Par. 1.601, páginas 67 y 376) cuentan desde la creación hasta el diluvio. Esta editio princeps de las Tablas Alfonsinas presenta en grupos del sistema sexagesimal, según M. Ideler, 1.132.959 días, como differentia diluvii et incarnationis, que hacen 3.101 años Julianos más 318 días. Esta es, sin duda, sobre todo á causa de la fracción de 318 días, la cifra que entra en el cálculo presentado en el Libro de las Profecías de Colón.
Verdad es que la editio princeps tiene el año de la impresión con la doble cifra de 1.483 y 7.681, de la era cristiana y de la creación (diferencia, 6.198); pero en el cuerpo de la obra no se indica en parte alguna en qué año de la creación del mundo coloca el rey Alfonso el diluvio; no encuentro esta indicación más que en las Tablas Alfonsinas de 1492, que juntamente con los grupos sexagesimales de los días, arroja las sumas ó deducciones en años, poniendo á Noé en el de 3882 que, con los 3.101 (desde el diluvio á Cristo), suman para el principio de nuestra era 6.983 años. (Tabulæ astron. Alphonsi Regis, ed. J. L. Santritter Heilbronnensis vel de Fonte Salutis, impr. Venetiis. J. H. de Landoja dictus Hertzog., fol. 39 b.)
He aquí una cifra que difiere en 1.640 años de la de Colón y que alteraría singularmente esta predicción del fin del mundo en el año 7000. Strauch (Breviar. Chron. ed. Wittemb. 1664, página 360) reduce arbitrariamente los 6.983 años á 6.484 «ex mente Alphonsi Regis Castiliæ.»
Estas observaciones bastan para probar cuán necesario es acudir á las primitivas fuentes. En la nueva edición del Art de vérifier les dates (París, 1819, t. I, pág. XXIX), la cifra de Colón de 5.343 años, se atribuye á San Isidoro. Sin embargo, los Orígenes (lib. V, pág. 68), y el Cronicón (pág. 386) presentan al principio de la sexta edad 5.220 años. (Véase también Strauch, Brev., lib. IV, núm. 11.)
La fantasía teológica de la influencia que ejercen las grandes revoluciones de Saturno (valuadas á 300 años cada una ó á diez revoluciones simples) sobre las sectas y los imperios asciende á Albumazar y á su obra De magnis conjunctionibus, impresa en Venecia en 1515. Las conjunciones de Júpiter y de Saturno no sólo son temibles por el enfriamiento que en la atmósfera producen (Joannis Werneri Norici Canones de mutatione auræ, Norimb., 1546, fol. 15 a), sino que al mismo tiempo deciden también de la suerte de los individuos (Albohali de judic. nativ., Nor., 1546, cap. 39 y 47) y de la de los imperios. Distínguese entre conjuntio mayor y máxima. La última se verifica, según el cardenal d’Ailly (Opp., fol. 103 a), cada 960 años, y según otras autoridades, cada 800 años (Ideler, Handb. der Chron., t. II, pág. 402). Las ideas del peligro de las diez revoluciones de Saturno y de los 7.000 años las tomó Colón del libro titulado Concordance de la astronomie et de l’histoire. (Opp., pág. 119 a.)
Mi respetable y sabio amigo Mr. Ideler, miembro de la Academia Real de Berlín, que puso á mi disposición la rara editio princeps de las Tablas Alfonsinas, ha examinado á ruego mío, las épocas de las mayores conjunciones indicadas por el cardenal d’Ailly, encontrando que la octava de dichas conjunciones corresponde al año 7040, y después de ella, uno de los grandes períodos de Saturno (uno de los grupos de las diez revoluciones del planeta) al año de 1789 de nuestra era. Desde entonces «si mundus usque ad illa tempora duraverit quod solus Deus novit, multæ tunc et magnæ et mirabiles alterationes mundi et mutationes futuræ sunt, et maxime circa leges». (Opp., página 118 b.) El Cardenal, que escribe en 1414, no puede predecir lo que vivirá el mundo después del espantoso año de 1789; cree, sin embargo, que el Antecristo, cuya venida esperaba Colón hacia 1656, no tardará en llegar, y si esto no es absolutamente cierto, al menos verisimilis suspicio per astronomica indicia. Es raro que esta coincidencia accidental de fechas, esta profecía de una revolución que tanto ha influído en la historia del género humano, no haya sido notada por aquellos á quienes complace, en nuestros días, todo lo que es místico y tenebroso.
[145] Mingnet, Negociations relatives à la successions d’Espagne, Introduction, t. I, páginas VI, XI, XXIII.
[146] Á pesar de lo imperfecta que era entonces la navegación, la reina Isabel manifiesta ya en Agosto de 1494 el deseo de que mensualmente vaya una carabela de España á Haïti y venga de dicha isla otra.