—¡Oh! Pensamos conservarle aún mucho tiempo—respondió Amaury, sin acordarse de que hablaba a un hombre distinto de los demás.—Pero yo tengo que hablarle de cosas muy importantes y creo que también Antoñita quiere hablar con usted de algún asunto grave.

—¡Muy bien! Pues aquí estoy—repuso el señor de Avrigny, revistiendo de seriedad su semblante y mirándoles con cariñoso interés.—Tú, Amaury, siéntate en esa silla, a mi derecha, y tú, Antoñita, ocupa esa butaca a este otro lado. ¡Ajajá! Ahora, vengan las manos. ¿No es verdad que estamos muy bien así, con un tiempo tan hermoso, bajo un cielo tan puro, y a dos pasos de la tumba de nuestra inolvidable Magdalena?

Los dos jóvenes miraron instintivamente hacia el cementerio como queriendo pedir a aquella tumba el valor que les faltaba; pero ambos guardaron un religioso silencio.

—¡Ea!—dijo el doctor.—Ya escucho. Comienza tú, Antoñita.

—¡Pero, tío!...—suplicó la joven con embarazo.

—Ya comprendo, Antoñita—repuso Amaury, abandonando su asiento.—Perdone usted; me retiro.

Y salió del aposento, acompañado por una afectuosa mirada del doctor, sin que Antonia, muy ruborosa y turbada, intentase detenerle.

—Ya estamos solos, hija mía; puedes, pues, hablar. ¿Qué quieres?—dijo el señor de Avrigny tan pronto como hubo salido Amaury.

—Tío mío—respondió Antoñita con voz temblorosa y sin alzar la vista para mirar al doctor.—Siempre le he oído decir que deseaba verme unida a un hombre cuyo amor me hiciese dichosa. Mucho tiempo he vacilado antes de hacer mi elección, pero al fin me he decidido. No se trata de una proporción brillante, pero estoy segura de ser amada y de que sabré cumplir sin esfuerzo con mis deberes de esposa. Usted conoce muy bien al hombre que he elegido por marido: es...—prosiguió Antoñita con voz ahogada lanzando una furtiva mirada al sepulcro de Magdalena como si quisiera pedirle aliento para hacer tal confesión,—es... Felipe Auvray.

Mientras hablaba Antonia, contemplábala el doctor sin querer interrumpirla; pero entreabría sus labios una benévola sonrisa y parecía tentado a hacerle alguna advertencia.