—¿No? ¿por qué no he de decirlo?

—Porque vengo a reñirle.

—¿Reñirme, tú?

—Sí, yo misma.

—¡A ver! Explícate; dime por qué.

—Querido tío, lo que tengo que decirle es cosa muy seria.

—¿De veras?

—Mire usted si lo será, que casi no me atrevo...

—En verdad, tiene que ser algo muy serio para que te dé tanto reparo a ti, querida sobrina. Pero veamos, ¿de qué se trata?

—De cosas que no son propias ni de mi edad, ni de mi posición.