A. Afecciones flegmásicas. Fiebres intermitentes. Diátesis palúdica.—La quina no cuenta entre sus efectos, ni la fiebre inflamatoria, ni las inflamaciones locales simples; la oftalmía que registra su patogenesia, es subaguda, venosa ó linfática. Todos los síntomas de la laringe y del pecho indican, ya el elemento nervioso, ya la astenia, ya un molimen hemorrágico. El sulfato de quinina solo produce un conjunto de síntomas locales y generales que se adaptan al crup y á la angina diftérica, afecciones que no se puede decir que sean simplemente inflamatorias, y para las cuales se la ha empleado ventajosamente en nuestros dias. Sobre este asunto debe leerse el erudito trabajo del doctor Tessier[59].

Aprovecharémos esta ocasion para espresar al menos una vez, que si nuestras rápidas indicaciones pueden ser suficientes para los que conozcan la materia médica, y que tengan la plena inteligencia de nuestros resúmenes, pueden no bastar á otros que hallarán en las monografías y en los tratados y memorias especiales, como en el trabajo citado sobre el crup, todos los detalles necesarios. La literatura médica es muy estensa, muy rica si se quiere, para poderse detener á hacer todas las citas necesarias. Hubiéramos necesitado duplicar la obra y redactar un trabajo de erudicion, y no una obra directamente útil, una esposicion completa, y no una síntesis, es decir, un cuadro general de estudios y de aplicaciones prácticas.

La quina, repetimos, no se adapta al elemento inflamatorio, no ofrece analogía con el estado agudo febril y flegmásico franco. Así pues, en una bronquitis es necesario aguardar al período subagudo y crónico; y la respiracion sibilante, anhelosa, es entonces una de sus mejores indicaciones, así como para la manzanilla; porque las dos corresponden en este caso á la astenia nerviosa. La quina está tambien indicada en la neumonía crónica ó que tiende á serlo; el zumaque, el azufre, el mercurio y el licopodio están en el mismo caso; pero el rhux y el mercurio no exigen, como la quina, que la fiebre haya cesado: el azufre requiere mas irritabilidad y el licopodio mas cronicidad.

En la fiebre reumática, la quina exige la remitencia, la cesacion ó diminucion de la escitacion sanguínea, y una sensacion de frio al interior y en las estremidades; exige tambien gastricidad y la agravacion de los dolores por el menor contacto. El ranúnculo bulboso es quizá el medicamento que, en esto, tiene la mayor analogía con la quina.

En la fiebre nerviosa grave, gástrica-nerviosa, tifoídea, la quina corresponde al estado de adinamia debida principalmente á las grandes pérdidas del organismo; se observa una flojedad con sudores ó flujo que aniquilan más y más. En general, la quina responde á todas las fiebres procedentes de pérdidas, ó que las ha habido humorales en el curso de la dolencia, y en todas las que se prolongan por la influencia de fuertes evacuaciones naturales ó provocadas, especialmente cuando estas son la causa principal de los síntomas tifoídeos ó atáxicos.

Esta es la razon de por qué está indicada en la peritonitis, en su período de exudacion, con calosfríos cuando el enfermo se destapa, sudores muy abundantes y que no alivian, estado nervioso grave, caracterizado por el calor ardiente y la sequedad de la boca, la lengua de un blanco sucio, hendida y negruzca, las mejillas encendidas, delirio, debilidad estrema. El arsénico es preferible en los casos en que hay escesiva agitacion, con grande debilidad y calor quemante.

La fiebre héctica reclama la quina, cuando el pulso es muy frecuente y débil, el calor es mas fuerte por la noche, y que sudores abundantes debilitan incesantemente; hay indiferencia para las bebidas y los alimentos, incomodidad precordial despues de la mas ligera cantidad de estos, y abultamiento del vientre. Se ha observado hace ya mucho tiempo en las fiebres propias de este medicamento, y en particular en la fiebre héctica, el sudor de la parte izquierda del cuerpo.

La quina es el remedio mas comun de las fiebres intermitentes. Se la ha sustituido, ventajosamente con el sulfato de quinina para el cual el tipo intermitente es aun mas característico. Los tres estadios de los accesos son regulares; hay calosfríos y frio, calor, sudor. La turgencia de los capilares es muy pronunciada, la congestion cefálica se eleva hasta el delirio, y no es raro que el dolor de cabeza sea violento antes, durante y despues del acceso; muchas veces le preceden accidentes gástricos, y otras tantas les subsiguen.

Todo tónico poderoso, todo estimulante enérgico, además de las sustancias que tienen accion especial, son antiperiódicos, agentes curativos de la fiebre intermitente por el método perturbador. Y nos consta en efecto, que el ponche, el vino caliente, la esencia de menta...., han curado en Africa tantas fiebres intermitentes como la quina y sus sales.

Bajo este punto de vista, la quina es un tónico poderoso capaz de provocar una escitacion perturbadora que cura momentáneamente la generalidad de las fiebres intermitentes y de las enfermedades que se presentan por accesos. Pero la accion aguda de la quina se dirige especialmente á fiebres intermitentes regulares, de accesos francos; como asimismo á los de toda afeccion que reconozca por causa el miasma palúdico. En estos casos, con dósis débiles, no con las perturbadoras, goza la quina de toda la especialidad de su accion antiperiódica, y está en la plenitud de su accion terapéutica, porque se halla perfectamente indicada. Estingue la fiebre, sin convertirse en causa de otro acceso; vigoriza las fuerzas, sin perturbacion y de una manera fija. Pero no es la panacea de todas las afecciones por accesos ni de todas las fiebres intermitentes; no es un febrífugo universal, y por consiguiente, los casos que reclaman su uso están limitados á los que tienen analogía con sus síntomas.