No confundamos la caquexia, efecto directo de la infeccion paludiana, generadora de la fiebre accesional y sus consecuencias, con la caquexia quínica, efecto de las dósis repetidas y exorbitantes de la quina ó de sus sales: el antídoto de esta última caquexia es el arsénico, el hierro, la belladona, el sílice; el de la primera es la quina. Cuando la caquexia paludiana ha avanzado, á pesar de haber usado ó abusado de antemano de la quina, esta es aun uno de los mejores medios de curarla, con la dósis de dos gramos del polvo en un litro de agua, dejándole macerar por una noche, y dándola á beber por fracciones, en uno ó dos dias, por supuesto despues de haberla decantado. Este medio debe ser continuado por mucho tiempo, por más de un mes, con cortas interrupciones.

B. Afecciones neurálgicas, reumáticas y artríticas.—La quina puede contener casi todas las neurosis y neuralgias en su esfera de accion, cuando domina el elemento asténico á consecuencia de pérdidas considerables del organismo. La ninfomanía misma, las espermatorreas, la corea, hallan en la quina, ya que no un remedio curativo, al menos un poderoso auxiliar del tratamiento. En cuanto á la ninfomanía y á la satiriasis, en las que la estenuacion y la exaltacion nerviosa son producidas por el onanismo, es mas racional recurrir al ácido fosfórico, al oro, á la nuez vómica y al mercurio.

Se ha despreciado generalmente el uso de la quina en las neuralgias, y en particular en las odontalgias, por dirigirse á medicamentos cuya accion sobre el sistema nervioso es mas electiva. Las odontalgias y neuralgias de la quina son pulsativas y con calor; el dolor puede hacerse quemante; se forman tumefacciones en el sitio del dolor; en el mismo punto se verifican al menos, movimientos congestivos, con principalidad en las odontalgias y cefalalgias. Estas últimas están caracterizadas por una sensacion de presion y de agravacion en el crepúsculo, por la noche y despues de comer: el hierro y la sabina presentan casi los mismos caractéres generales y locales. Otro tanto se puede decir del mercurio y la pulsatila, cuyos dolores se agravan por el calor. Los dolores producidos por la quina se alivian á veces con la misma; pero en este caso, así como en la mayoría de sus neuralgias, el dolor se exaspera por el tacto, la impresion y el movimiento. La agravacion por el tacto se encuentra tambien en otros medicamentos, por ejemplo, en la stafisagria y el capsicum annuum; en este último, el dolor está mas estendido en todo el espesor de los tejidos de la parte afecta, mientras que en la quina se presenta mas localizado. Los dolores de esta, en fin, ofrecen, respecto á los de la manzanilla, del mercurio y del ledum de los pantanos, además de la analogía de los síntomas generales y del estado discrásico, la notable semejanza de agravarse en el crepúsculo y aliviarse por la mañana.

Las afecciones reumáticas propias de la quina no empiezan por fenómenos locales, sino por síntomas generales, tales como calosfríos, congestion sanguínea en la cabeza y en la piel, y sudores abundantes que no alivian. El medicamento mas análogo á la quina bajo este aspecto es el ranúnculo bulboso, cuya fiebre es remitente con exacerbacion por la tarde.

La quina guarda un término medio en cuanto á su agudeza en la artritis, entre la brionia y el árnica. La brionia representa la mayor agudeza, y el árnica la mas próxima al estado crónico, y la lesion local domina los fenómenos generales en este último medicamento. La pulsatila, por su accion sobre los capilares, presenta mucha analogía con árnica, en la que las congestiones proceden mas bien de la diminucion del movimiento circulatorio en los capilares, pero con la diferencia de que estas congestiones son fijas en el árnica y esencialmente movibles en la pulsatila, como ya se verá.

La artritis gotosa, en fin, mas en armonía con la quina, se presenta en la rodilla. Pero sea cual quiera el punto en que se sitúe esta dolencia, árnica y sabina son sus mejores auxiliares en los accesos irregulares, ó que por lo menos se repiten despues de algun tiempo. La piel que cubre la tumefaccion, no presenta cambio de color para la quina y la sabina; está erisipelatosa para el árnica, roseada para la pulsatila, roja para el mercurio. La stafisagria, que es un medicamento cuyos síntomas generales armonizan con los de la quina, está indicada en las artritis de accesos repetidos y con tofos; el calor las alivia; así como, por el contrario, las artritis propias de la sabina se alivian con el aire fresco.

C.Afecciones hemorrágicas, anémicas, serosas. Flujos colicuativos ó asténicos.—La quina es un medicamento esencial en toda hemorragia pasiva, esterna ó interna. Está perfectamente indicada en el estado congestivo local, el cual no debe confundirse con el de una hemorragia activa, aun cuando la astenia nerviosa desarrolle síntomas de eretismo local y aun general. El molimen hemorrágico de la quina, ó este estado congestivo precursor y foco de una hemorragia de este género, difiere poco de la del hierro; no tiene los fenómenos nerviosos y atáxicos en el grado que les presentan el fósforo y los ácidos minerales, y menos aun la hemorragia. La quina conviene mas principalmente en las hemorragias por recidiva, y cuando el organismo carece de sus elementos reparadores. Se usa con éxito, por ejemplo, en las epistaxis crónicas y repetidas, en las que el azafran es un buen auxiliar; está tambien indicada en la clorosis dependiente de menstruaciones escesivas, y de metrorragias; pero es preciso en estos casos esplorar el estado del cuello del útero y atender á las causas mecánicas ú orgánicas.

Las afecciones hidrópicas que resultan del empobrecimiento de la sangre por evacuaciones sanguíneas y humorales escesivas, como la hidroemia clorótica en las mujeres que han padecido metrorragias; el edema local y la anasarca con palidez, debilidad, hinchazon y tension del vientre, diarrea, orinas sedimentosas, son del dominio de la quina. Tambien cura esta, auxiliada con el azufre, las oftalmías agudas de las personas que padecen diversos derrames serosos. En ciertos edemas de los órganos internos y en el hidrocéfalo escrofuloso, se alterna este medicamento con el mercurio: en estos mismos casos pueden obtenerse felices resultados con el sílice, y aun tambien con la digital y la clematis.

En atencion á las condiciones asténicas de la quina, la ténia reclama con frecuencia su uso, si bien el azufre, el grafito y el mercurio son indispensables para su espulsion y para oponerse á su renovacion. La nuez vómica está en el mismo caso, y la indicacion de una ó de otra consiste principalmente en la debilidad muscular, en el color amarillo de la piel, que además está seca y presenta placas ligeramente furfuráceas; en una gran variedad, en fin, de padecimientos nerviosos asténicos; para la quina, solo hay edema en las estremidades é hinchazon de los párpados.

Acontece á veces en las personas leucoflegmásicas, edemáticas y anémicas, que una grande irritabilidad se opone á la accion normal de los medicamentos, y que el organismo tiene entonces menos receptividad medicinal. Este estado, debido á la astenia nerviosa, puede reclamar la benéfica accion de la quina, que disipa esta irritabilidad tonificando, y que pone al organismo sensible á los medicamentos apropiados.