TRATADO METÓDICO
DE
MATERIA MÉDICA
Y DE
TERAPÉUTICA.
ACÓNITO (Aconitum).
§ I.—Historia.
Planta de la poliandria triginia de Linneo; de la familia de las ranunculáceas de Jussieu. Esta familia tiene muchas especies casi igualmente activas, y sus propiedades bastante semejantes; pero solo se ha estudiado el acónito napelo, y á él dedicamos este capítulo.
Mucho se ha escrito sobre el acónito; pero en nuestro concepto, solo la escuela hahnemanniana le ha tratado de una manera completa. Para convencerse, basta leer las páginas que le ha consagrado Giacomini. Mr. Trousseau hace de él[16] un simple estupefaciente ó narcótico, á pesar de la multitud de hechos que patentizan sus propiedades antiflogísticas y antineurálgicas, así como su estensa esfera de accion. La ciencia posee otros trabajos muy juiciosos, pero sus autores no han pretendido estudiar mas que una parte de las propiedades de este medicamento. Tal es Mr. Imbert Gourbeyre, que, en una escelente memoria, considera al acónito tan solo como antineurálgico.
Aunque el acónito ha sido usado en todos tiempos, las observaciones de los antiguos son poco seguras para estar ciertos de la identidad de la planta empleada. Es preciso llegar á Stoerk para obtener las primeras observaciones sobre este medicamento. Este práctico llama vivamente la atencion de sus contemporáneos sobre el acónito, que administra como igual á la cicuta, en las afecciones reumáticas y aun en tumores escirrosos. Desde entonces, el acónito ha sido empleado por muchos médicos, pero en multitud de enfermedades diferentes. Hahnemann le somete á esperimentaciones sérias en el hombre sano y las comprueba despues en la práctica. Él es el que determina mas exactamente sus propiedades, dotando á la terapéutica de uno de sus agentes mas usados. Staps, Ruckert, Wahle, Baldriani, Devay, Pereira y otros muchos han contribuido bastante á este resultado. En medio de documentos de todo género, no podriamos limitarnos á un estudio práctico, adoptando una division que nos permita utilizarlo todo, sin separarnos de la concision que nos hemos impuesto.
La accion del acónito no ofrece el desarrollo continuo de efectos que se puedan comparar á una enfermedad completa y que deba oponerse á los síntomas de la misma en el órden sucesivo de su aparicion. Esto parece que obliga á atenerse al método empleado por los esperimentadores; pero no se opone á que se reunan los elementos por un sistema de racional apropiacion del medicamento á la enfermedad, agrupando los síntomas por funciones y aparatos, refiriéndoles á su orígen y marcando los que caracterizan su accion.