Mas si las enfermedades complejas no hallan en el medicamento el conjunto de síntomas segun su evolucion sucesiva, no por eso dejan de estar en correspondencia con él en algunos de sus períodos que pueden determinarse. En cuanto á las enfermedades simples, están fielmente representadas en algunos grupos sintomáticos del medicamento apropiado.

§ II.—Efectos fisiológicos.

El acónito abraza en su inmensa esfera de accion un gran número de afecciones ó de períodos de enfermedades. Es el medicamento mejor adaptado al elemento inflamatorio, al elemento fluxion sanguínea y á la hiperemia arterial; y quizá, en todos sus diversos síntomas y hasta en sus especialidades, afecta al árbol arterial de una manera hiperesténica.

Muchos autores le atribuyen el aumento de la actividad de las arterias y la hemitis. Algunos estienden su influencia al sistema fibroso cuya vitalidad exalta; Rau nos da de la hiperestenia arterial del acónito una esplicacion que me parece convendria mejor á otros medicamentos. Cree que proviene de que no obrando el acónito sobre el sistema venoso, resulta un éstasis sanguíneo en los vasos de esta parte del sistema circulatorio, ó una congestion pasiva de los capilares.

Tampoco han faltado médicos eminentes que asignen á la inflamacion una falta de vitalidad y de tono del sistema sanguíneo, aun el arterial; la fiebre para estos no es mas que un signo de debilidad de la vida, relativamente á la potencia de la causa morbosa. Esto es opuesto á lo que pretende la escuela vitalista en sus opiniones sobre la reaccion; todo lo cual nos importa poco.

La accion del acónito sobre el corazon y el sistema arterial se manifiesta en la universalidad de sus síntomas con una persistencia notable, que tambien se halla en el fondo de otros medicamentos con diferencias de forma que les son peculiares. Ello es que esta accion se manifiesta por el intermedio del sistema nervioso. Así se esplica que el medicamento pueda compararse á la causa morbífica, porque todas las afecciones morbosas son unas, como las afecciones medicamentosas, por la unidad del sistema nervioso y el consensus funcional: Est tamen una ei eadem omnium morborum forma et causa.

Es lo cierto que los síntomas del acónito en general demuestran una espansion inseparable del orgasmo sanguíneo y de la sobreescitacion del sistema arterial, y que esta exaltacion de la vitalidad procede de dentro á afuera; no es menos verdadero que una parte de sus síntomas denotan una debilitacion de la vida, no pura y simple, sino acompañada de irritacion y de tension con contraccion. Este doble movimiento de espansion y de concentracion se halla en todos los medicamentos en diversos grados de intensidad, como lo verémos, con la diferencia, que la espansion y el movimiento á la periferia dominan en unos, como en el acónito, belladona, etc., y que en otros, como en el arsénico, ácido fosfórico, etc., es la concentracion, la acumulacion de la actividad vital sobre los centros la que prepondera. Estos movimientos de espansion y de concentracion no varian tan solo en intensidad para cada medicamento, sino que ofrecen orígenes distintos, relaciones singulares con ciertos aparatos orgánicos, lo cual es comun á la accion de todos los medicamentos, y lo que les aproxima por un carácter tan decidido de la accion de las causas morbosas.

La fiebre del acónito ofrece tal aspecto, que cualquiera creeria al organismo bajo la influencia de un esceso de electricidad que se acumulase en la periferia ó sobre las superficies internas, las mucosas.

Esta observacion, que es sin duda prematura en el estado actual de la ciencia, se adapta de diversas maneras á todos los medicamentos piréticos, y quizá encierre la solucion de las dificultades que se esperimentan en referir á un estado orgánico ó funcional determinado, las variaciones que sufren las secreciones en sus cualidades físicas y en su composicion química. Así es como la saliva es algunas veces ácida y el sudor alcalino, lo cual es lo contrario del estado normal. Pero si la piel representando el polo positivo da productos ácidos, y las mucosas funcionando como el polo negativo dan productos alcalinos, ¿no habria inversion de los polos, cambio de electricidad, cuando los productos sufren una alteracion igual? ¿Y no podria tenerse á los medicamentos como modificadores de este estado? Abandonamos estas ideas al lector sin detenernos mas ni volver á reflexionar sobre ellas, aun cuando muchos medicamentos se prestan á hacerlo: así pues, los sudores son siempre ácidos cuando el conjunto de síntomas exige acónito; los sudores dulzosos y alcalinos no son nunca de su competencia, y corresponden perfectamente á la brionia. Repetidas veces hemos hecho observaciones de este género. Las deyecciones coléricas nos han parecido completamente neutras, y constituyen uno de los mas notables caractéres del eléboro blanco.

La indicacion esencial del acónito se funda en que la afeccion morbosa que le corresponde, tiene su punto de partida al interior. Que la fiebre exista ó no con localizacion de la inflamacion, la pars mandans está siempre en la impresion recibida por los centros nerviosos y trasmitida al corazon. Esto es lo que hace tan importante al acónito en casi todas las fiebres, y por lo que tiene el sobrenombre de antiflogístico por escelencia, y esto es lo que le diferencia positivamente de la árnica.