No carecemos de antecedentes al efecto, respecto al sílice: muchas aguas minerales deben sus virtudes á esta sustancia; los afiladores y picapedreros suelen padecer afecciones especiales causadas por el sílice, y sus átomos, esparcidos por el aire de ciertos talleres, ocasionan enfermedades y producen síntomas morbosos. Juzgamos que nuestros lectores están al corriente de la literatura médica y que, por consiguiente, conocen los trabajos que diversos autores han publicado respecto á este asunto, por lo cual nos limitamos á tomar acta y sacar partido de este estudio. Utilizarémos igualmente las esperimentaciones de Hahnemann[23] y otros médicos, experiencias plenamente confirmadas por las observaciones clínicas y por un número de hechos de todo género y siempre creciente.

§ II.—Efectos fisiológicos.

Las relaciones de este medicamento son mas especiales con los aparatos del sistema nutritivo. Su accion sobre el sistema sanguíneo arterial es un efecto efímero de su primera impresion; pues cuando se inicia la fiebre héctica, es sintomática de una lesion orgánica ó de una alteracion profunda de la vida nutritiva, es decir, de los manantiales de la vida, como la linfa, el quilo y la sangre venosa; los fundamentos ó los estímulos, ó ambas cosas á la vez se alteran. No pretendemos escluir por esto al sílice de que pueda estar indicado en las fiebres lentas y hécticas esenciales, á las que corresponde además por el ataque que las fuerzas vitales sufren por su influencia, necesaria por el efecto mismo de la alteracion de los órganos y de sus estímulos. Tampoco escluimos de las indicaciones de este medicamento las afecciones nerviosas y neurálgicas, á las cuales conviene, si no por su accion electiva y directa, por los efectos al menos que se desarrollan antes que su evolucion se haya completado y caracterizado en todos los sistemas.

Es evidente que obrando profundamente la silicea en los tejidos, desde la piel hasta el sistema óseo, espresa sus tendencias por una série de efectos intermediarios entre su primera impresion, completamente nerviosa, y el último término de su accion, totalmente orgánica, y que estos efectos llegan á todos los aparatos, á todos los sistemas; es verdad que los síntomas del sílice se pueden dividir, como los del acónito, en síntomas nerviosos del período inicial ó prodrómico, en nerviosos del período activo y en los del crónico, asténico, en el que se desarrollan las lesiones orgánicas; pero el sílice, sin embargo, no es un medicamento pirético, porque su patogenesia cuenta entre sus efectos mas fenómenos nerviosos crónicos del último período y mas síntomas febriles, procedentes de la alteracion orgánica y nutritiva, que los que son propios de la fiebre esencial; si el acónito, en fin, tiende á afectar electiva y directamente el sistema arterial, el sílice dirige su electividad á la esfera nutritiva, y los sistemas nervioso y sanguíneo solo se afectan particularmente por la discrasia creada por la influencia de aquel.

Los síntomas característicos del sílice son indudablemente asténicos, ya con flojedad de los tejidos y de las superficies afectadas, y eretismo en la afeccion simpática de los sistemas nervioso y circulatorio, ya con eretismo general y alteracion de la sangre, ó de los tejidos y del trabajo de descomposicion orgánica.

Los dolores son lancinantes, dislacerantes; afectan con preferencia los tejidos blancos y las articulaciones, están acompañados de adormecimiento, quebrantamiento y debilidad paralítica, sobre todo por la tarde; estos mismos se agravan ó aparecen por la noche, por el movimiento, al aire libre y por los cambios de tiempo. Hay calambres en los músculos de los miembros, algunas convulsiones epileptiformes, estremecimientos musculares, agitaciones orgánicas despues de haber estado sentado por largo tiempo, y temblores con flojedad por la mañana despues de dormir; la marcha es vacilante; los niños tardan en andar; un poco de vino ó el alimento producen efervescencia de la sangre, el marasmo se hace escesivo, las fuerzas se pierden completamente, se presentan desvanecimientos echándose en decúbito lateral, la menor impresion del aire produce resfriados, las estremidades se enfrian y los miembros lo están tambien al tacto.

La cara está pálida, térrea, como encerada; la superficie cutánea espresa una sensibilidad dolorosa, las menores lesiones tienden á ulcerarse; hay prurito, diferentes erupciones, vegetaciones, induraciones, inflamaciones forunculosas y carbuncosas, úlceras fungosas, fagedénicas, cáries, focos de supuracion. Los gánglios linfáticos se infartan, supuran, se hacen fistulosos; el trayecto de los vasos linfáticos se presenta duro y sensible; el pus de los abscesos y de las úlceras es fétido y de mal carácter. Hay inquietud nocturna con sueños lascivos ó terroríficos, ansiedad nerviosa, movimientos congestivos en la cabeza y latidos ó enardecimientos; y aunque los síntomas relativos al sueño varian algunas veces, una de las contraindicaciones de la silicea es el sueño apacible y tranquilo; la repugnancia á los alimentos, la pronta saciedad y la pérdida del apetito indican la atonía de los órganos digestivos; el hambre escesiva produce la necesidad forzosa de reparar las fuerzas aniquiladas suministrando á la economía los materiales reparadores que la faltan. Los caractéres del moral son: ansiedad, agitacion, disposicion á la desconfianza y terquedad, al desaliento y á la apatía.

No creemos preciso estendernos mas en enumerar los síntomas que caracterizan al sílice; pues tanto para las fuerzas nerviosas como para las circulatorias, para los órganos de los sentidos como para los digestivos, siempre se observa una irritabilidad, una sobreimpresionabilidad, una tension, un orgasmo efímeros, y una astenia constante, una flojedad y flujos mucosos, serosos, purulentos y colicuativos, que no impiden exista cierto eretismo febril, que sobrevienen con alguna periodicidad siguiendo el curso del sol y presentándose principalmente desde cerca de las diez de la mañana hasta el crepúsculo.

Ciertos fenómenos nerviosos son igualmente intermitentes, pero á largos períodos se agravan en el novilunio ó plenilunio; algunos además afectan una mitad del cuerpo, un lado de la cabeza por ejemplo. Todos estos síntomas especiales corresponden á afecciones en las que se les observa con singular regularidad: así es que hay fiebres lentas nerviosas que se exacerban por el dia; la ténia y la epilepsia incomodan á los enfermos en ciertos períodos lunares; las afecciones neurálgicas y paralíticas son semi-laterales y semi-cranianas...

Para lo que nos resta que decir, suponemos que el lector no perderá de vista el estado general del organismo bajo la accion del sílice, tal como acabamos de presentarle en un sucinto cuadro, que sin ser privativo de un temperamento y sexo dado, corresponde á las afecciones de las personas de cualquiera constitucion y edad que sean. Vamos, pues, á establecer sumariamente las indicaciones del sílice en una multitud de casos que puede curar ó modificar bastante para dar lugar al uso prudente de otro medicamento mas apropiado.