La gonorrea ó la blenorragia no sifilítica es mas rara de lo que se cree, siendo prudente en muchos casos en los que las causas de la infeccion son probables, tratar esta afeccion como virulenta, aun cuando la inoculacion no sea favorable. Varias razones dan lugar á creer en la existencia de una gonorrea sicósica, aceptando que la sícosis sea un vicio independiente de la sífilis. Sea de esto lo que quiera, la aparicion de escrescencias, verrugas, condilomas, crestas de gallo, coliflores, en el curso de una afeccion sifilítica, ó en su declinacion y aun despues de ella, complicaria de un modo estraño el diagnóstico de las enfermedades venéreas sin los trabajos de Hahnemann y sus discípulos que han diferenciado la sícosis, no solo por sus síntomas propios, sino tambien por su tratamiento, como puede verse en los artículos Tuya, Acido azótico, Licopodio, y como lo harémos ver en este. Sin embargo, satisfechos con poseer los medios de combatir la sícosis, tan bien como la sífilis, nos importa poco que se considere á la primera como una consecuencia de la segunda, y que no se admita la naturaleza sifilítica de una gonorrea aislada de todo otro síntoma venéreo, hecha abstraccion de la inoculacion esploradora, puesto que se reconoce la sencillez de un tratamiento antisifilítico por las dósis pequeñas, y que se acepta con mas facilidad la necesidad de tratar por el mercurio una afeccion, que sin este medicamento, produce con frecuencia estragos tanto mas graves cuanto mas desconocida es su etiología.
Suprimir el flujo en pocos dias con la copaiba y dar inmediatamente el mercurio soluble, como lo hemos dicho anteriormente, es una práctica tan recomendable como el uso del mercurio solo y de seguida. Este último proceder es mas propio para oponerse al desarrollo ulterior de todo síntoma. En los casos rebeldes, la gonorrea puede exigir el uso del azufre, especialmente cuando el líquido es amarillento y la flogosis local casi nula. El mercurio alternado con el azufre es tambien el mejor medio para corregir las poluciones sanguinolentas con espasmos pasajeros que sobrevienen involuntariamente aun en la aproximacion de los sexos. Es muchas veces necesario en la gonorrea con erecciones dolorosas, estranguria y flujo de sangre, calmar esta irritacion violenta con algunas dósis de cantárida.
A su vez, el azufre y la tuya, dados sucesivamente, curan muy bien las gonorreas indolentes y pasivas que subsisten despues de la administracion conveniente del mercurio. El sublimado corrosivo es algunas veces necesario en los casos de uretritis crónica. Es preferible el yoduro de mercurio, si hay alguna nudosidad en un punto dado del canal de la uretra. En las mujeres, es el mercurio con la tuya, el hierro y el zumaque, pero usado antes que estos, aun en las vaginitis no sifilíticas, el mejor medio de corregir la leucorrea rebelde con dolores de escoriacion en la vagina, y quemantes con prurito en los grandes labios. Necesario es á veces recurrir á otros medicamentos, como la sepia, el licopodio, el azufre y aun el estaño. Las indicaciones del mercurio consisten en un estado inflamatorio de la mucosa vaginal que tiene un color rojo-oscuro, en un flujo abundante y corrosivo y en la tumefaccion de los grandes labios. En fin, el precipitado rojo y el cinabrio ó sulfuro rojo de mercurio, obran con mucha eficacia; del mismo modo que en los afectados de balanitis con erosion del glande y flujo como lechoso, y en las gonorreas subagudas por recidivas, si hay hinchazon de los vasos linfáticos á lo largo del pene y del prepucio.
La aplicacion de las diversas preparaciones del mercurio en las úlceras sifilíticas de toda especie, exige distinciones que indicarémos, aunque ligeramente. El chancro primitivo, en la primera sífilis ó en una segunda infeccion despues de una curacion perfecta, exige simplemente el uso del mercurio vivo ó soluble, á la dósis de 3 á 4 gramos de cada una de las tres trituraciones, tomados por fracciones cotidianas por mañana y tarde, durante veinticinco á treinta dias. El precipitado rojo es la preparacion preferible cuando el anterior ha sido ineficaz por varias causas, por ejemplo, en personas que han sufrido repetidas veces la infeccion. El cinabrio se dirige al chancro simple y primitivo, cuando el fondo se eleva sobre los bordes; la tuya en iguales casos sucede al anterior con ventaja.
El precipitado rojo conviene en general en el chancro indurado ó inflamado. Se ha recurrido al biyoduro de mercurio para el chancro indurado, insensible, y para el bubon indolente. Mas sea cual quiera la preparacion mercurial elegida, es necesario agotar su accion, despues de administradas las dósis convenientes, si no se quiere producir una alteracion ó retardar la mejoría del enfermo. El chancro indurado exige un tratamiento de dos á tres semanas mas que el chancro primitivo, y dósis iguales, pero continuadas por mas tiempo.
El chancro, ya primitivo, ya indurado, si tiene un carácter fagedénico con tendencia á la destruccion de los tejidos, ó si ocupa la uretra y se inflama al estenderse, reclama el sublimado corrosivo, que obra mejor en las personas debilitadas ó caquécticas, y cuando los dolores son quemantes. Muchas veces se limita á combatir la malignidad, á simplificarle; entonces se le reemplaza con otra preparacion que se adapte mejor al estado del chancro modificado por él. Las úlceras secundarias del velo del paladar, de las alas de la nariz, las úlceras escrofulosas de la córnea que se estienden rápidamente y cuya secrecion es icorosa con fotofobia, y en general, las afecciones escrofulosas con tumefaccion, inflamacion, destruccion de los tejidos y caquexia, corresponden perfectamente al sublimado corrosivo, así como los bubones abiertos que se agrandan mucho y son muy dolorosos.
El bubon simple, primitivo, y la orquitis blenorrágica, en una palabra, todos los accidentes primitivos de la sífilis, en personas bien constituidas ó poco acostumbradas á la dolencia, les basta el mercurio con ó sin el chancro simple. La oftalmía blenorrágica exige calomelano y algunas veces el sublimado corrosivo. El bubon consecutivo al chancro requiere el precipitado rojo, así como tambien las alteraciones sifilíticas de la boca y de las amígdalas con concreciones y úlceras, é igualmente las úlceras escrofulosas que empiezan por una ampolla.
En las aftas de la boca con salivacion, en la estomatitis sin accidente alguno estraordinario, está indicado el calomelano. Respecto á las aftas, conveniente es hacer constar, que las del mercurio son profundas y flácidas, con el fondo grisáceo y un color rojo oscuro de la mucosa que las rodea: este color es pálido en las aftas del ácido fosfórico, y rojo en las del mezereum. Las aftas del ácido clorhídrico, del carbon vegetal y de la quina son mas atónicas y sobrevienen despues de una afeccion gangrenosa, ó son ellas mismas gangrenosas.
Aun cuando el precipitado rojo es útil en los tubérculos sifilíticos de la piel, en las sifílides impetiginosas, cuyas costras se cubren de pequeñas ulceraciones, el biyoduro de mercurio es preferible en las induraciones tuberculosas que sobrevienen despues de la cicatrizacion de los chancros indurados. Estas concreciones ocultan el peligro de un chancro fagedénico, y cuando llegan á abrirse, deben llamar la atencion del médico. En este caso, el biyoduro de mercurio es un medio eficaz. Tambien lo es en la epididimitis blenorrágica, en la orquitis subaguda con ó sin persistencia del flujo, en la sifílide del escroto: esta afeccion está caracterizada por concreciones cuya superficie se esfolía, y segrega una serosidad á la que reemplazan películas que se desprenden y dejan la piel de color rojo de carne con escozor.
El biyoduro de mercurio tambien juega en las úlceras que reemplazan á las concreciones de que hemos hablado, aun cuando se estiendan y propaguen á la piel; los abscesos en el ano reclaman igualmente este medicamento. Estos accesos dejan con frecuencia en pos de sí una induracion tuberculosa del tejido celular situado entre la piel y la fascia superficialis, induracion que renueva muchas veces el absceso. El calomelano cura el absceso, y el biyoduro de mercurio la induracion. Este medicamento es un escelente recurso en los infartos del útero con descenso de este órgano: esta propiedad curativa resulta, no solo de los hechos clínicos, sino de sus efectos fisiológicos. Posee, pues, una utilísima accion en casos de este género que no se refieren á la sífilis.