Ayer, día 18, he recibido carta de mi madre, en la que me dice que ha llegado de Alemania, sin indicarme dónde se encuentra. Yo creo, sin embargo, que estará con la señorita de Orleans, ocupada en el arreglo del matrimonio de esta princesa. ¡Quiera Dios que sean felices!...
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Para mejor comprensión del anterior capítulo, conviene hacer saber que Mme. de Roys (mi abuela), estaba de sub-aya en casa de los duques de Orleans antes de que Mme. de Genlis fuese aya de los infantes.
Muerto el duque de Orleans, o mejor dicho, ejecutado Felipe Igualdad, la familia de éste huyó de Francia, y Mme. de Roys se consagró con el mayor cariño a la viuda duquesa de Orleans, hija del duque de Penthievre. Largo tiempo vivió esta desgraciada familia en España.
La duquesa tuvo alguna sospecha de Mme. de Genlis, y la despidió de su servicio, encargando al mismo tiempo a Mme. de Roys fuese a un convento de Suiza en busca de la señorita de Orleans, donde se encontraba recogida.
Esta princesa, conocida después por el nombre de madame Adelaida, era muy joven, hermosa y excelente de corazón. Durante el reinado de su hermano Luis-Felipe, dícese que ejerció gran influencia política.
Creyó mi madre que se trataba de casar a esta princesa desde el momento que la separaban del convento. Pero no era este el motivo. Tratábase únicamente de separar a la joven de la influencia directa de madame de Genlis y de la acción política del partido orleanista.
La duquesa viuda de Felipe Igualdad jamás quiso asociarse a los manejos revolucionarios de los partidarios de su marido, así como tampoco a las intrigas dinásticas que se desarrollaban en este partido, capitaneado por Dumouriez, hacia donde madame de Genlis conducía poco a poco a su discípula. ¡Lástima grande que las intenciones de madame de Genlis hubiesen triunfado! La virtud y la hermosura hubiéranse mezclado horriblemente con las intrigas palaciegas.
La corte española honró en la viuda de Igualdad a la víctima de la Revolución y de los desaciertos de su marido.