10 de agosto de 1801.

Me encuentro en cinta, y tanto a mi marido como a mí nos trae esto preocupados y tristes. ¿Cómo, siendo nuestra fortuna tan pequeña, habremos de sostener una familia tan numerosa? Es necesario resignarse; acaso este nuevo hijo que Dios me concede, será entre todos el que me proporcionará mayor satisfacción.

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El hijo a que mi madre se refiere, fue una niña que se llamó Sofía. Fue después esposa del conde de Lligonnés, gentilhombre de la Lozare; en este matrimonio tuvo una familia muy numerosa que fue modelo de virtud y de nobleza. Esta familia vive hoy en Mende, respetada y querida de todos.

Las fechas que siguen a ésta, vienen consagradas a circunstancias exclusivamente domésticas, como son: recetas para la cura de enfermedades, observaciones médicas sobre el estado de los aldeanos enfermos que ella había aprendido a curar con ayuda de los libros de M. Tissot.

Después anota algunos acontecimientos de poca importancia, al parecer, pero que en los pueblecitos son acontecimientos verdaderos, como por ejemplo:

26 de agosto.

Ayer ha venido aquí un mercader ambulante. Cuando estas gentes aparecen por aquí, el otoño se acerca. Esto fue un acontecimiento para los niños del lugar.

No pensaba en desgracia alguna, cuando me han avisado que un niño ha caído dentro de la lejía caliente que su madre tenía para limpiar la ropa: ha sido un gran descuido.

Espero salvar a la pobre criatura.