XL
6 de octubre de 1801.
¡Cómo pasa el tiempo! Hoy es para mí una fecha memorable. ¡Doce años han transcurrido!
Lo recuerdo perfectamente. Era aquel famoso 6 de octubre, tan fatal para la real familia de Versalles, y yo me encontraba entonces en Chatou junto con mi madre. Las dos regresábamos de Mesnil con intención de llegar hasta París; hubo necesidad de caballos para reforzar el tiro, y a falta de éstos hicimos noche en Chatou, alojándonos en casa de Mme. Duperron, amiga nuestra. Esta interrupción de nuestro viaje fue para nosotras una suerte, porque París bullía entre las agitaciones revolucionarias. En casa de M. Duperron pasamos la noche en continua alarma, pues M. de Lambert, su yerno, se encontraba de servicio militar en el palacio de Versalles. La esposa, los hijos, toda la familia, en fin, temblaban por su vida.
Después de algunos días pasados en Chatou, nos dirigimos a Lyón sin pasar por París, acompañándonos Mme. Montbriand. Esta señora había sido como yo, canonesa de Salles.
Este viaje determinó mi casamiento con el caballero Lamartine. Cierto día nos vimos en el capítulo de Salles, en casa de la condesa Lamartine y desde entonces ya nos amamos siempre.
Nos detuvimos veinticuatro horas en Mâcón, porque hubo necesidad de que arreglaran el carruaje, uno de cuyos ejes estaba roto y tuvimos ocasión de visitar a toda la familia Lamartine, que nos obsequió en extremo. Estaba a la sazón el caballero Lamartine incorporado al regimiento. Durante el día que pasé en Mâcón creí haberme atraído las simpatías de su familia, desapareciendo alguna pequeña dificultad, que a causa de no conocerme a fondo habían puesto para el casamiento. Este quedó concertado.
Me complazco en recordar todos los detalles ocurridos durante aquella semana del mes de octubre, porque a ellos debo mi felicidad.
Doy gracias a Dios por haberme conducido otra vez a Mâcón, donde en compañía de mi marido y de mis hijos soy feliz y afortunada.