El día 7 de octubre y los siguientes no tienen interés.

11 de octubre.

Mi madre me dice en carta que hoy he recibido, que se dispone a volver de Alemania con la señorita de Orleans; esta joven princesa tiene un miedo terrible al mar y no quiero atravesar la Francia; por estas causas todavía no han resuelto hacer el viaje a España.

Ayer fui en compañía de mi cuñado a un pueblecito de Champagne junto al castillo de Peronne, perteneciente a mi familia. M. de Lamartine me ha enseñado una casita que acaba de edificar en el pueblo, la cual quedará como herencia para nuestros hijos. Mi cuñado habla de ellos como un verdadero padre de familia.

Con todas estas tierras que deben heredar de sus tíos, tendrán mis hijos un buen porvenir. ¡Quiera Dios que sean ricos en honor y piedad, que es lo que constituye la verdadera riqueza!

Diariamente hago leer a mi hijo Alfonso una parte de un libro religioso escrito por un sacerdote alemán: en este libro se aprende a comprender la religión y su emanación de la Naturaleza. La inteligencia de Alfonso me satisface, pero temo haya de darle algún disgusto su carácter demasiado altivo e imperioso, si no se corrige. Con mucha frecuencia se incomoda con sus hermanos, y esto me disgusta.

XLII

9 de noviembre de 1801.

Las ocupaciones no me han permitido continuar este diario hasta hoy.

En este momento llego de Lyón; he ido a acompañar a mi hijo al colegio. Esta nueva separación de mi Alfonso me ha causado hondo pesar. Durante la misa que esta mañana he oído en la capilla del establecimiento, sólo veía los hermosos cabellos rubios de mi hijo en medio de aquella multitud de cabecitas puras como las de un ángel.