La causa de haber interrumpido por tanto tiempo este diario, ha sido porque el día 18 de agosto hube de guardar cama a consecuencia de haber dado a luz una niña, la cual estoy criando yo misma del mismo modo que hice con sus hermanos. Ha venido mi hermana para asistirme.

Hemos establecido en casa la costumbre de rezar todos juntos, amos y criados. Esto ha de ser de mucha utilidad, si se quiere que sea la casa según la escritura dice: «Una casa de hermanos». La comunión de amos y criados arrodillados ante Dios, que no distingue entre pequeños y grandes, levanta el espíritu a elevadas regiones, llamando a los unos a la igualdad cristiana y a los otros al fiel cumplimiento de sus deberes religiosos y morales.

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7 de septiembre.

Mi madre está de vuelta a París, y ya ha salido de España.

XLVI

2 de octubre.

Me encuentro en Saint-Point desde ayer, en compañía de Alfonso, Cecilia y Eugenia; durante el viaje los niños se han divertido mucho. Alfonso, particularmente, estaba embriagado de alegría al verse caballero en una mula.

Hemos cogido las uvas del emparrado, de las cuales sacaremos dos toneles de vino. Mi esposo ha comprado unas fincas con el dinero que su hermano le ha prestado. Estas fincas le han costado diez mil pesos. ¡Dios quiera que hagamos fortuna para poder legar a nuestros hijos una pequeña posición que les permita vivir sin privaciones!

Tengo en mi poder las Confesiones de San Agustín, libro que estimo muchísimo; esta mañana he visto con placer que Alfonso lo estaba leyendo.