Todos los días leo las Confesiones, que procuro imitar en lo posible: trataré de hacer como Santa Mónica, rogando sin cesar por mis hijos.

XLIX

14 de enero de 1803.

He llegado ayer a Rieux, después de un viaje muy penoso y de haberme detenido en París algunos días. Desde Coulomiers a Rieux he tenido necesidad de hacer el viaje montada en un caballo de alquiler, conducido por un muchacho. Hacía un viento norte muy frío, y no creo que en Siberia pueda sufrirse tanto como yo he sufrido al atravesar aquellos montes nevados.

¡Qué alegría ha tenido mi pobre madre al verme!

Ya estoy instalada en mi querida casita de Rieux, donde he pasado tantos veranos durante mi infancia, pero en estos lugares no se encuentra aquello que en otros tiempos los vivificaba. Al lado de mi madre olvido todas las penas. La pobre está muy desfigurada, efecto sin duda de los disgustos que ha sufrido en viajes y destierros. Ella disfruta contándome muchas veces cosas interesantes que se refieren a nuestra familia y a los viajes que ha hecho acompañando a las princesas. Me admira su resolución, su prudencia ante los grandes peligros y su cautela y firmeza en los actos que realiza. Está muy vieja ciertamente, pero conserva en su espíritu la juvenil frescura de otros tiempos. Es muy sensible encontrarse a su edad en la precaria situación que ella se encuentra. Yo quisiera ser bastante rica para restablecer su fortuna; pero es muy poco lo que puedo distraer de las atenciones de mis hijos. Deseo consignar en este diario cuanto ella me cuente de notable.

Ayer me dijo que nuestra familia desciende de Vivarais, y que una joven de Roys tiene aún como heredera de la rama principal de la casa el feudo de Rubec, en Montfaucon. Después de la actual poseedora, este feudo debe pasar a mi madre: acaso entonces pueda vivir con más desahogo. Por falta de recursos se ha visto obligada a suprimir la camarera, y a su edad esto es muy penoso. Siempre me acuerdo de sus privaciones cuando pretendo quejarme de mi suerte.

¡Que Dios auxilie a esta pobre anciana!

*
* *

Mi madre me ha contado esta noche muchas cosas referentes a Mme. de Reyniere, viuda de su arrendador y algo parienta nuestra.