M. de Orsay, también pariente nuestro, contrajo matrimonio con una princesa alemana, parienta del rey de Prusia: un hijo de este matrimonio se ha casado con una princesa italiana.
Durante estas conversaciones sostenidas junto al hogar, recuerdo las personas con quienes he vivido durante mi infancia, y de las cuales quedan muy pocas, después de la terrible sacudida revolucionaria.
Quiero dejar aquí consignada una anécdota muy original, relacionada con Juan Jacobo Rousseau y la mariscala de Luxemburgo, con la cual mi madre estaba unida muy íntimamente.
Era la mariscala de Luxemburgo amiga de Rousseau: por casualidad supo aquélla que la mujer con quien éste vivía estaba en cinta; sin duda, creyendo que Rousseau quería mandar este nuevo hijo a la Inclusa, como había hecho con otros, dirigiose a M. Trouchin, de Génova, amigo de Rousseau, y le encargó que tan pronto la criatura viniera al mundo, hiciera los posibles por mandársela, para ella encargarse de su cuidado. M. Trouchin habló de este asunto con su amigo Rousseau, quien al parecer consintió en que la mariscala fuera satisfecha en sus deseos, los cuales fueron muy del agrado de la madre de la futura criatura. Tan luego esta buena mujer dio a luz, avisó a M. Trouchin, el cual presentose en seguida en la casa, donde le mostraron un hermoso niño. Quedaron convenidos para el día siguiente en hacerse cargo de la criatura, pero tan pronto hubo salido M. Trouchin, su amigo Rousseau, embozado en un capote de paño oscuro, se aproximó al lecho de la recién parida, y a pesar de sus lágrimas, cogió él mismo a su hijo y se lo llevó al Hospicio, perdiéndolo para siempre, pues ni siquiera le puso al entregarlo marca de reconocimiento.
Aquí tienes, hija mía—dijo mi madre,—el hombre sensible como dicen las gentes.
¡Insensato, le llamo yo, cuya enfermedad cerebral le ha destrozado el corazón!
Si el genio no es acompañado del buen sentido, no es genio, es locura; buena prueba de ello son el Tasso y Rousseau.
Si Dios nos envía el genio, bien venido sea, pero una madre solamente debe desear para sus hijos el buen sentido.
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Está nevando copiosamente y hace un frío intensísimo. La campiña se halla cubierta de nieve. Paso el rato leyendo a Tácito y otros historiadores de la antigüedad que tanto gustan a mi madre.