Or poserai per sempre
Stanco mio cor.....
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Posa per sempre. Assai
palpitasti. Non val cosa nessuna
i moti tuoi; né di sospiri e degna
la terra. Amaro e noia
la vita, altro mai nulla: e fange e il mondo.
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Así también en el canto nocturno de un pastor errante, donde el gran recanatiense expresa su desesperación por todo y su incapacidad para la acción. Se dirige a la luna y le pregunta cuál es su misión en los cielos. Surge, contempla los desiertos, pasa y se oculta. ¿Acaso no sufre el cansancio de volver a seguir tantas veces por los mismos caminos? ¿No se hastía de mirar siempre los mismos valles que conoce? y dice triste, dolorosamente, que su vida es semejante a la vida monótona del pastor, es decir, del poeta que vive sin esperanza y que por eso de nada le sirve la vida...
Somiglia alla tua vita
la vita del pastore
Sorge in sul primo albore,
move la greggia oltre pel campo, e vede
greggi, fontane ed erbe;
poi stanco si riposa in su la sera
altro mai non ispera.
Dimmi, o luna: a che vale
al pastor la sua vita,
la vostra vita a voi?—dimmi: ove tende
questo vagar mio breve
il tuo corso immortale?
Nuestro gran poeta es el cantor del Hombre, de sus poderosos anhelos y le exalta y le diviniza. En cambio, Leopardi siente envidia por el rebaño que descansa tranquilo, que no conoce su esclavitud.
O greggia mia che posi, o te beata
che la miseria tua, credo non sai!
quanta invidia ti porto!
Leopardi es el precursor del pesimismo sistemático de Schopenhauer cuya filosofía se ha creído encontrar también en los versos de Almafuerte. Nada más falso.
La vida es esfuerzo, dice el filósofo alemán y el esfuerzo es el dolor; de ahí que sólo el dolor sea positivo.
Siendo la vida la objetivación de la voluntad, menester es negarse a querer, necesario es huir del amor que perpetuando la especie, perpetúa el dolor. Así se entra en el Nirvana que para Schopenhauer es el aniquilamiento del ser, la cesación de todos los dolores por la destrucción de la voluntad, pero que para el budhismo esotérico, es más: es el reposo consciente en la omniscencia.
Parece escucharse al través de los siglos la palabra de Sakia Muni que llega de la orilla del Ganges: «El mal es la existencia,» o la palabra del Eclesiastés, el escéptico cuyo espíritu era negación del espíritu hebraico: