«Mejor es el día de la muerte que el día de nacer

Nada tiene de común nuestro poeta con los pesimistas.

Leopardi dice que nada vale el esfuerzo; que la tierra no es digna de suspiros: «non val cosa nessuna y moti tuoi, né di sospiri é degna la terra.» El filósofo alemán dice que la esencia de la voluntad es el esfuerzo y que todo esfuerzo es dolor.

Almafuerte, en cambio cree que el esfuerzo es una necesidad, que el hombre debe trabajar incesantemente para que venga el Prometido, el que será un cerebro con alas. Tiene una fe inmensa, y porque sabe que toda acción humana repercute a través de los siglos, que nada se pierde, que todo esfuerzo conquista algo y debe ser recompensado, se cuadra frente a Dios, le acusa de crueldad y le dice magníficamente:

«Aquí estoy, ante ti... ¡Ni un solo gesto!
¡Págame mi dolor!»

Es el optimismo de profeta de Israel, que ve las miserias de los que sufren y que reclama, por eso, de Jehová, dialogando con él, la justicia inmensa sobre la tierra; que no se desespera, que va cantando un himno a la voluntad soberana, que exalta, para levantar el hombre hasta Dios.

«Yo sé que hay una luz que no se apaga», dice Almafuerte en el «Trémolo». Eso es la negación del pesimismo. Lo que hay en sus versos, es el gesto airado del profeta; alguna vez el lamento amargo de Job, y siempre la rebelión judaica que blasfema y vuelve a Jehová.

«Tengo el corazón hecho una llaga,
Como el cuerpo de Job.»

Y otra vez:

«No hagas, solemne Dios, ni un solo gesto
¡Te acuso de crueldad!»