Almafuerte dice: «Tu pueblo,» dirigiéndose a Jehová y en las «Milongas clásicas,» donde canta con hermoso optimismo a nuestra patria, hablándole de nobles ideales, termina con esta estrofa:

«Y Dios al verte dormido
Sobre todo tu progreso
Te dé la paz con su beso.
Como a su «pueblo elegido.»

Almafuerte dice también «tu poeta.» Carlyle afirma que «vate» en lenguas antiguas quiere decir «poeta y profeta.» Si alguien todavía dudara que nuestro gran Almafuerte viene de los libros hebraicos, oiga a los «vigías de Israel.»

Así habla Isaías en los capítulos LXIII, v. 15 y 17 y LXIV, v. 11:

«¿Dónde está tu celo y tu fortaleza, Jehová? ¿Han amenguado acaso? ¿Por qué, oh Jehová, nos has hecho errar tus caminos? ¿Por qué endureciste nuestro corazón? ¡Vuélvete por tu pueblo, por las tribus de tu heredad! La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria fué destruida: ¿por qué te detienes? ¿por qué «callas» y nos afliges de esta manera?»

Y así, Jeremías, en el capítulo XIV, versículo 19, preguntando a Jehová por qué no salva a su pueblo:

«¿Has abandonado a Judá? ¿Aborrece tu alma a Sión?»

Almafuerte es un optimista estupendo. De lo más hondo del dolor saca fuerzas. El dolor mismo es su gran fuerza, su acicate. Por eso, lejos de desesperarse como Leopardi, después de hablar a Jehová que calla, sin negarle le abandona y busca los jóvenes que saben de amor heroico para impulsarlos a la lid, a la pasión, a la venganza, ¡pero antes les advierte que si callan, si permanecen quietos en una indiferencia infame deberán arrancarse de los rostros a puñados las mal nacidas barbas, dejando que sus novias escolten la sombra dolorosa de la patria!

El espíritu de este Profeta nuestro es una fragua, cuyos rojos resplandores llegan a todas las almas. Quema pero alumbra. Hay allí una infinita sed de justicia; más que de justicia, de amor y de bondad; un anhelo soberano de ascensión, una eterna rebeldía; una esperanza que no se acaba nunca y muchas maldiciones y blasfemias y cóleras santas que caen como latigazos sobre las espaldas de los poderosos que exprimen y maltratan a la «sudorosa chusma sagrada.»