En «Castigo», expresa, así, soberbiamente su venganza:
«Yo te alcé en mis estrofas, sobre todas
hasta rozar los astros:
¡tócale a mi venganza de poeta
dejarte abandonada en el espacio!»
«Cantar de cantares» está inspirado en las deliciosas páginas bíblicas, y si le falta la voluptuosidad de éstas, puede afirmarse, a pesar de lo sostenido por algún crítico, que en la poesía de Almafuerte hay algo más que respeto por la mujer; hay emoción amorosa.
Habla el cantor bíblico y dice:
«Como manada de cabras que se muestran desde el monte de Galaad son tus cabellos; como un hilo de grana tus labios; como torre de marfil tu cuello; como dos cabritos mellizos de gama que son apacentados entre lirios, tus pechos; panal de miel destilan tus labios; ¡oh, hermosa mía, esposa mía, huerto cerrado, fuente sellada!»
Y Almafuerte canta:
«Como el bíblico poeta,
Como el rey de los proverbios seculares
Que no pasan, que no mueren, ¡yo te canto!»
Y compara, luego, los ojos de su amada con sellos de turquesa; sus hoyuelos le parecen cicatrices de caricias de dos besos fraternales; sus orejas, caracoles nacarados de la playa; sus labios, pétalos de rosa purpurada como sangre; su cuello torrecilla de alabastro cimbradora; sus pechos bloques de azucena.
Y sigue:
«Florecitas de durazno
que la veste de las auras amontona
bajo el cielo de la tarde—tus mejillas;
tus mejillas
de sedosos, inefables terciopelos,
son las flores que un arcángel amontona
bajo el cielo de tus ojos
por los valles de sonrisas y sonrojos
¡que divide tu severa naricita de matrona!»