10.—Solamente los muy simples y los muy pillastres juzgan a las personas según los casos, o por el peldaño que ellas pisan o por la situación de espíritu que ellas atraviesan: nunca seas ni tonto ni pillo, pero si no has nacido capaz del término medio, ojalá que prefieras el primer extremo... ¡y seas tonto!

11.—Hay muchos optimistas que creen, como en un artículo de fe, que en todas las sillas de marfil se sienta, o un Alfonso el Sabio o un Cicerón; y muchos positivistas que saben, que en cualquier elevación de la orografía social, hay alguno que puede dar, si quiere dar.

12.—Y, también hay muchos inocentes que piensan que todos los dolores son motivados por alguna injusticia; y muchos espíritus fuertes que razonan así: la muerte de un marido, de un padre, de un hermano mayor, puede proporcionar una cocinera barata.

13.—Los hombres están colocados en la sociedad como los ladrillos de una pared, al azar y según fueron viniendo: no pienses que sean héroes, porque llevan charreteras, ni que sean mártires, porque lloren a lágrima viva.

14.—Todos ocupamos un sitio, por una ley intransgredible, más bien física que moral; pero, muy pocos, el sitio que nos corresponde: ten el valor de descender al postrero, ése es el que te mereces en tu propia conciencia.

15.—Tan melancólico y pensaroso se manifiesta un criminal después de cometido su crimen, como un sabio experimentador después de fracasado su experimento: las lágrimas y las carcajadas no tienen letrero como algunas píldoras.

16.—El espectáculo de las alegrías y de las tristezas ajenas es deprimente del espíritu: sensualiza, enloquece, amujerenga, mata el sentido de lo que realmente es y desafila la intuición de lo que debe ser: es como la música, que emociona las almas y las atonta.

17.—A los hombres se les conoce por lo que desean, no por lo que les acontece.