15.—Los que carecen de ese guardián han dejado de ser hombres; o, mejor dicho: no han llegado a serlo.
Son a la manera de la virgen del Evangelio, y responden sumisamente a cualquier solicitación exterior: hágase en mí según tu palabra.
16.—Un rebelde no siempre es un carácter; pero, sin capacidad de rebelión, no hay fortaleza de espíritu.
17.—Nunca hagas nada, sea bueno o sea malo, sin reservarte el derecho de dejar de hacerlo cuando así te parezca.
18.—Los que tienen carácter no se contagian ellos, contagian a los demás: para tales hombres, los tiempos que atraviesan y las vidas que les rodean, son masilla dócil que estrujan entre sus dedos.
19.—Marchar por entre estoques que amenazan, y no claudicar; por entre manoseos voluptuosos, y no olvidarse de sí mismo; por entre cabezas que se agachan, y no erguirse más altanero; por entre frentes soberanas... y no agacharse... ¡eso es tener carácter!
1.—No te preocupe la murmuración, nada más que en la parte de verdad y de razón que ella tenga.
2.—Refiere todos tus actos al bien ajeno; pero, muy pocos de ellos al juicio ajeno.