12.—Avanza; que alguno de los caídos se ha de coger de ti, y alguno de los mejormente colocados te ha de hacer sitio.

13.—Procede como aquel herrero tu vecino, tan manso, tan honesto, tan misericordioso, que no se preocupa jamás del tintineo ensordecedor con que despierta todas las mañanas al vecindario: ya se amoldarán a tu vida como a su martillo.

14.—No seas ciudadano correcto e inofensivo: sé hombre útil y azotador de inútiles y perjudiciales.

15.—Los correctos y los inofensivos, son los que no quieren poner nada de lo suyo, ni siquiera un minuto de cavilación, en la brega humana; los que se ríen por dentro de lo mismo que aplauden y fingen respetar ostensiblemente: los que explotan el sudor de los demás, como los malos clérigos el sacrificio de Jesús.

16.—Ellos, los correctos y los inofensivos, son los que viven a la sombra de un orden de cosas establecido, sin tener siquiera la nobleza de defenderlo; los que aguardan en silencio la implantación definitiva de cualquier reforma, para presentarse después, con el plato en la mano, a recibir su parte de pitanza; los que han descubierto que la vida de pasividad es la más cómoda, aunque se desobedezca al Nerón más atrabiliario: los canfinfleros del dolor eterno.

17.—Es cierto que se trabaja para trabajar; pero, eso de no trabajar no es nada más que una esperanza que no tiene otra realidad que la de permanecer siempre delante de nuestros ojos, a la misma distancia y con la misma sonrisa alentadora.

18.—¡Quién sabe qué lejanísimo Mesías será el usufructuario de toda la labor y todas las lágrimas humanas!

19.—Trabaja, pues, para que alguien, a quien no verás nunca, no trabaje jamás.

20.—Lucha contra tus propias imperfecciones, que no son nada más que las imperfecciones de todos, para que surja al cabo de los tiempos, el hombre perfecto, la humanidad luz.

21.—No rehuyas el dolor; porque el dolor está en todas partes, como las olas en el Océano y el fuego en mitad del incendio.