7.—Que tus armas sean tus obras y que tus laudatorias las hagan aquéllos que no te vieron ni una sola vez.
Si así no triunfas, refúgiate en el desierto; pero nunca jamás en la misericordia de los misericordiosos.
8.—No seas hijo de nadie; porque nadie siente la paternidad como ella es.
9.—Sólo con buenas acciones se neutralizan las malas acciones...
El hecho mata al hecho; pero la palabra lo deja subsistente y más lo agranda cuanto más lo niega.
10.—La palabra más evangélica, sobre una vida maltrecha y dolorida, es como un apósito polvoreado de vidrio, aplicado sobre las úlceras de un leproso.
11.—Huye de la memoria de los hombres como de un sitio de tormento, como del formidable roce triturador de dos piedras de molino.
12.—La virtud que no es una evidencia indemostrable, deja de serlo, en cierta manera.
13.—Repite tu vida cien veces, si te fuera posible, hasta imponerla como un sol; pero no te demuestres ni te dejes demostrar como una ecuación algebraica; aquello que se hace sentir por sí mismo, vive todo contrahecho, en los espíritus.