Dios adusto, Dios frío, Dios con libro de entrada y salida, como un carcelero, Dios que necesita del Dolor, Dios que inventó las lágrimas ¡Vete a tu Olimpo!


Aquí está mi pecado más funesto;
Aquí está, de mis manchas, la peor,
Aquí estoy a tus pies... ¡De un solo gesto
Fulmíname, Señor!

¿Quién nos puso el horror a lo Deforme?
¿Quién dictó las pragmáticas del Bien?
¿Y qué mano brutal, qué brazo enorme
Nos hunde en lo Soez?

Negras son las cien fauces del infierno;
Negras las almas que al infierno van:
Negra la Eternidad... ¡Negro y eterno
Un minuto del Mal!

Tengo una luz en mí, que no se apaga;
Tengo la claridad de lo Mejor...
¡Y tengo el corazón hecho una llaga.
Como el cuerpo de Job!

Brillan sobre la Noche las estrellas,
Brillan como pupilas de rubí;
Brillan desde el Principio, todas ellas...
¡No me miran a mí!

Yo no puedo ceñirme en lo Inefable,
Yo no puedo ser más de lo que soy;
Yo no puedo evitar lo Inevitable...
¡Porque yo no soy Dios!