Como va sin testigos,
bajo el dosel astral del firmamento,
desflorando el jumento
la fulgurante gloria de los trigos;
o como en el follaje,
trémula de ponzoña, la serpiente
fulmina de repente
la regia vida del león salvaje;
o como las carcomas,
en el frondoso, perfumado huerto,
con diabólico acierto
taladran la más roja de las pomas;
o como traicioneras,
ya mordidas del mal que no se cura,
sobre la tez más pura
ponen su placa impura las rameras;
tú matas, tú suprimes
la Virtud, el Honor, los Ideales,
y has poblado hospitales
con una multitud de almas sublimes.
VI
Por ti van cohibidas
con los ojos en tierra cien mujeres:
no concibes, no quieres
nada más que bellezas prostituidas;
por ti, por tu mandato,
no llegan a ser madres las doncellas
y apagan sus estrellas
en la iracunda paz del celibato;
por ti los más garridos,
los púberes Apolos más hermosos
pasan por tenebrosos,
satánicos arcángeles caídos;
por ti van los aciagos,
impulsivos demonios de los celos,
bramando en los Otelos
que surgieren al chisme de tus Yagos;
por ti marchan sujetas
al índice vulgar vidas preciosas
sufriendo silenciosas
una carrera diaria de baquetas;
por ti, locuaz arpía,
todos los seres, todos juntos, gimen
y la idea del crimen
suele turbar a la razón más fría;
por ti blancos armiños
de máculas y taras están llenos...
y no parecen buenos,
santos y buenos, ¡ni los propios niños!
VII
Tú tienes los secretos
del reproche y el óbice y la mengua:
tan sólo por tu lengua
Sócrates y Platón no son completos,
por ti los inmortales,
en el mármol y el bronce redivivos,
aguardan pensativos
que caigan de una vez sus pedestales;
tú acechas la subida
del Tabor de la Gloria en un repliegue,
para que nadie llegue
sin llevar en el rostro tu escupida;
por ti se para el carro
del más gran triunfador donde tú mandes;
tú obligas a los grandes
a ceñir un laurel sucio de barro...
¡y tanto les azotas
y es tanto lo que injurias su grandeza
que sienten la tristeza
de no ser unos míseros idiotas!
VIII
Sí, calumnia cobarde,
tu maldad, como un charco, ni se agita
y tu lengua maldita
se arranca finalmente, pero tarde;
porque la frase artera
que lanzas al azar y medio trunca
ya no se borra nunca,
ni aunque Dios, si hay un Dios, lo dispusiera.