Jesús fué el último de los profetas. El socialismo es de origen hebraico.
Los profetas claman constantemente, defendiendo a los pobres; dialogan con Dios, le imprecan, exigen la justicia inmediata sobre la tierra; no quieren tolerar iniquidades contra los débiles, porque el semita no cree, hasta los Macabeos, como cree el ario, en las recompensas y castigos de ultratumba. Por eso eran vibrantes, fuertes. De ahí el código inspirado por Jeremías socialista teocrático, donde se desborda la justicia, la piedad y el amor por el pobre y la ira contra el poderoso.
Éste es el enemigo a quien los profetas maldicen; él despoja a los humildes y se aparta de Jehová.
Isaías lanza el anatema contra los príncipes prevaricadores y compañeros de ladrones que no oyen a juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. (Cap. I, vers. 23).
No con menos pasión, Almafuerte baja a la miseria, al dolor, hasta al vicio, buscando a sus hermanos y maldiciendo a los poderosos.
«La Inmortal» es el canto a su chusma, a la «sudorosa chusma sagrada» de la que surgen las fuerzas de la historia y para quien él quiere justicia como los profetas.
Almafuerte desciende hasta lo más profundo; cuando más llagas ve, más ama. Es un sacerdote del amor, de la infinita misericordia, y vuelve de los abismos de la miseria,
«Como surgen los rudos poceros,
Ungidos en greda, del pozo que cavan.»
La compasión baja al dolor, blanca y perfumada, y retorna a la luz sucia y llena de taras. El Misionero dijo con verdad que el que quiere conservarse puro, «muchas veces tendrá que no ser bueno».
Canta a la heroica labor cotidiana de la chusma, oprimida por leyes y por prejuicios y por eso llena de rencores; que ve los días felices de los poderosos y que porque tiene pasión y ansias,