CENA SEGUNDA DEL TERCERO ACTO.

En que Escalion, por la promesa que á Libina hizo, no osa entrar en casa de la vieja y despídese; la vieja pide cuenta á su criada Lelia de los negociantes que han venido. Despues desto hace un conjuro sobre la carta de Selvago, y con ella para casa de Polibio se parte. Introdúcense:

ESCALION. — DOLOSINA. — LELIA.

Esc. Señora Dolosina, ¿sabe que me parece que por tí ha cantado el cuclillo, que vas cargada de oro como abeja á la colmena?

Dol. ¿No sabes, hijo, que del rio á veces cargado á veces vacío? mas hágote saber que con todo eso no alcanzo para un orinal de plata.

Esc. Agora, madre señora, esto aparte, sábete que no puedo entrar en tu casa; por tanto, como llegue á la puerta, me darás licencia.

Dol. ¿Tienes algun arduo negocio, ó qué es la causa?

Esc. No, pese al mundo, sino que mandé anoche á Libina once varas de anascote, y díle en señal quatro reales y quedó mi palabra obligada á que se las llevaria hoy, y reniego de los tártaros si tengo más blanca que un podenco, ni rastro de donde al presente me venga.

Dol. Hijo Escalion, recio caso es no cumplir la palabra que se pone, especialmente un hombre como tú, de los quales es dicho, de la palabra, como el toro por el cuerno, se han de preciar; y tú erraste en el prometer, pues posibilidad te faltaba, mas aunque esto ansí sea, yo rogaré á Libina que te espere más tiempo, y ella lo hará por mi ruego y porque dicen que el deudor no se muera, que la deuda sana queda; mas mira que te aviso que no me hagas caer en vergüenza con ella, si esperándote por mí despues la burlares, que yo, como dicen, seré tenida á lo pagar, y no es razon, pues de mí recibes la buena obra.