Dol. Digo, hija, que aunque á la señora Senesta quisiera, que bien suplirá en mi necesidad la señora que me habés dicho.

Cec. Pues detente un poco, vieja honrada, iré á se lo decir.

Dol. Pues sea presto, por vuestra vida, que mi pena no quiere dilacion. ¡Oh, cómo si al dicho del esforzado Héctor doy crédito, que dice que comienzos prósperos traen tales fines, yo pienso de salir en este caso con paz y del todo vencedora, pues tan oportuno lugar para mi propósito demostrar se me ha seguido! Ea, ea, esfuerza, Dolosina, que ya se llega tu hora, en la cual no harás pequeña ganancia, si desplegas tu lengua y abres tu entendimiento, en manifestar tu propósito.

Cec. Madre, entra comigo, que Isabela te aguarda.

Dol. ¡Ay, hija, plega al misericordioso Dios que tal acogimiento en su presencia halles, como al presente de tí he tenido!

Cec. A él le plega por su infinita bondad; mas ves allí á mi señora, llégate allá, y manifiesta tu necesidad, que con ayuda de Dios ella será remediada.

Dol. Así lo creo yo, hija, que do tanta hermosura se muestra, no puede faltar piedad grande para los que della son menesterosos. Doncella ilustre, y la más hermosa de cuantas en el mundo viven, el Señor que tal os formó, en estado y honra os prospere, porque los afligidos y necesitados en vos hallen cumplimiento de sus deseos.

Isab. Dueña honrada, tú seas bien venida. Por haber sabido de esta mi doncella que con cierta necesidad á mi señora Senesta venías, y ella esté al presente ocupada, yo su hija, por lo que á ser caritativa debo, siendo de tu cuita certificada, si mis fuerzas fueren en ello bastantes, te la remediaré; por tanto no ceses en me lo decir, que aliende de ser limosna, por ser mujer como yo, con más entera voluntad cumpliré tu deseo.

Dol. ¡Ay perla de oro, y cómo te lo dices! ¡Cierto que de tal figura no se esperaba ménos! Has, pues, de saber, señora, que mi venida en esta casa ha sido por ver si una grande necesidad que tengo, en alguna manera remedio alcanzase; que como nosotros los necesitados y afligidos no tengamos otrie á quien ocurrir con nuestras miserias sino á los ricos y poderosos, los quales de justo derecho son tenidos en nos remediar, y como en este caso esta familia á todas las de la ciudad sobrepuje, aquí determiné de me llegar, concibiendo en mi pecho que si aquí me falta remedio, mi cuita sin él perecerá; de donde grande detrimento y pérdida á mi vida se sigue.

Isab. Madre mia, por tu fe que no llores ni te acuites, que si, como he dicho, no me falta el poder, tú partirás de mi presencia contenta.