Dol. Así lo creo yo cierto, mi señora, que no sin causa puso Dios tanta beldad y gracia en un cuerpo humano, sino para que más en tener misericordia entre todos se señalase.

Isab. Dexa eso, madre, y dime tu cuita, que tengo deseo de sabella para del todo la remediar.

Dol. De cierto, hija mia, que á lo que al presente de tí he concebido que debes ser muy misericordiosa y llena de piedad, lo que en una doncella ilustre y fermosa como tú estrañamente resplandece; porque dado caso que, como dice el Evangelio, aquellos son bienaventurados que se preciaren de misericordiosos, siendo, como es, gran virtud en qualquier estado, en los de ilustre prosapia es muy mayor en estremo, lo que manifiesto se ve quando un gran señor ó rey perdona á sus súbditos ó á otros los crímines que contra él cometieron, que nace de por ser misericordiosos querer más dexar sus ofensas sin castigo, que ver en su próximo tormento: exemplo tenemos en nuestro gran César Carolo V, luz que á todos los magnánimos y fuertes antiguos en tinieblas dexa, con quanta misericordia y piedad haya tratado á sus muy crueles enemigos, habiéndolos tenido en su poder, como fué los dias pasados al Rey de la Galia, que contra él tan contrario se mostró, donde teniéndole en su poder, y por muy justa batalla vencido, no sólo le perdonó, mas áun muy llegado á él en afinidad y parentesco, á su tierra le envió. Eso mismo con el fuerte Duque de Saxonia, y sus parientes y allegados, que con tan justa causa merecian otro acogimiento que el que en él hallaron; mas su imperial persona, no mirando los deservicios que dellos habia recebido, con misericordiosa y pia benivolencia los brazos abiertos, el perdon con su amistad les ofrece. Pues si dello debe ser loado, no quiero que mi baxo juicio y débil entendimiento lo determine, pues por serlo tanto indeterminado se queda. Todo esto, hermosa doncella, os he querido decir porque veais en quanto sois de estimar, por la gran misericordia que en vos, á lo que he visto, se encierra, por donde á los que contra vuestra persona erraren sois tenida á perdonar, y ansimesmo á los que de vuestro acorro tuvieren necesidad, como yo agora, con alegre cara y larga voluntad se la ofrecer.

Isab. Dueña honrada, para comigo, que bien se me entiende todo lo que has dicho, no son menester rodeos ni circunferencias, sino manifiéstame tu fatiga, que yo procuraré de la remediar.

Dol. ¡Oh mi emperadora, y cómo si así fuese yo me podria contar por bienaventurada, y mi vida saldria de laceria y afan muy crecido! mas primero que de mí lo sepas, te quiero decir de dónde nace la caridad, y por qué unas personas tienen en buscar á otras, en sus fatigas, remedio.

Cec. A la larga toma el galgo la liebre; valga el demonio á la vieja importuna, si ya no me tiene quebrada la cabeza con sus palabras, y áun quiere comenzar materia nueva; por mi vida, que no la sufra yo más, sino que allá fuera me salga, acabe quando quisiere.

Dol. Digo, pues, señora piadosa, que principalmente se sigue de la buena voluntad y amor, lo que se ve muy á la clara en nuestro redemptor y maestro Jesuchristo, que por el amor que al humanal linaje tuvo, con caridad y querer excesivo, por redimirle se ofreció á muerte de cruz en aquel siglo bien vituperable. Pues de la mesma manera nosotros, discípulos de tal maestro enseñados en caridad, nos dolemos de las adversidades y desventuras de nuestros próximos, y les buscamos con todas nuestras fuerzas remedio, siendo guiados por un amor secreto que en ello nos fuerza, donde quien lo contrario hiciere, con razon debe de ser reprehendido, pues no cumple lo que en la ley de fe tanto es encomendado. Pues si esto es así, ¿con quánto querer debemos, con caridad amorosa, socorrer á nuestros próximos en sus necesidades? pues sabemos del sabio que dice: que quien favorece al mortal hace obra de Dios inmortal, especialmente los ricos y poderosos á los necesitados y afligidos; y no digo tanto en los ricos como en otros mil estados, que unos á otros nos podemos aprovechar y favorecer, ansí como en las gracias que habemos aprendido por arte, como con las que la naturaleza en nos puso, participándolas con aquellos que dellas tienen necesidad y serán ansimesmo por ellas en sus cuitas remediados.

Isab. Dueña honrada, bien basta lo que me has dicho; por tanto luégo me di tu fatiga quál sea, que tengo otra cosa en que entender.

Dol. Piadosa doncella, así lo haré; por tanto óyeme con atencion mis palabras, y cumplirás tu deseo si de sabello alguno tienes.

Isab. Mejor me ayude Dios, que tú vienes con necesidad, sino con alguna buena trama, y si así es, mándote yo que no te alabarás dello.