Isab. Redobla tus golpes, Cecilia, en esta cuña que ya rechina la piedra y presto caerá.
Cec. Por mi fe, vesla en el suelo.
Dol. ¡Ay, señores, que me muero, confision!
Cec. Ya te absuelven, hermana, y áun de tal manera que puedes á tus descendientes dar parte.
Isab. Déxala ya, Cecilia, que bien basta lo hecho.
Cec. ¿No ves, señora, que destas tales se dice que tienen siete almas como gato, y áun no será la primera del todo salida? mas agora bien está, pues mi almohadilla demuestra las entrañas de trabajada; mas ¿qué piensas hacer desta, que, á lo que creo, está muerta?
Isab. Por mi fe que dello me pesase, porque solamente quisiera escarmentalla; mas si es hecho, y no se puede escusar, con hacerlo saber á mi señor Polibio todo el caso por entero, no habrá más; que quien burla al burlador, ya habrás oido.
Cec. Pues, señora, yo quiero ir á llamalle.
Isab. Bien será; torna, torna, Cecilia.
Cec. ¿Qué dices, señora?