Isab. ¿No ves qué recia va por el escalera abaxo? Cierto que con engaño lo fingie, que en viéndote salir, y la puerta abierta, luégo se levantó más recia que un quadrillo.
Cec. Así me parece, mas no la arriendo la ganancia desta tarde; y si bien le supo, tórnese al regosto.
CENA CUARTA DEL TERCERO ACTO.
En que Isabela, leida la carta que la vieja dexó, y entendiendo enteramente el caso, mucho su celeridad y poco miramiento incusa; Cecilia le da muchos consuelos; en fin de pláticas va á llamar á Valera para que entienda en las amistades de Dolosina con ellas. Introdúcense:
ISABELA. — CECILIA.
Isab. Agora ¿consideras, Cecilia, quantos engaños y traiciones hay por el mundo? ¿Quién pensára tal, que esta mala vieja, con sus fingidas santidades y palabras dulces, vinia á contaminar el homenaje de mi limpieza?
Cec. Cierto, señora, que no debia ser esperta en las armas; pues viniendo á dar combate á fortaleza, venía sin amparo de capacete para las piedras y petrechos que los cercados habian de soltar en su defensa.
Isab. ¿No viste cómo se hizo muerta como raposa apaleada?
Cec. Si vi, mas poco le prestó, que si mi espada no hiciera muestras de se quebrar, no cesára aún por su industria la batalla.