Val. ¿Tiene otra nueva enfermedad, ó siéntese fatigada con la llaga antigua?

Cec. Algo deso no puede faltar; mas agora vamos á la posada, que della serás satisfecha en tu pregunta; ya parece la puerta, entra presto, madre, que ya mi señora nos ha visto y nos llama.

Val. ¡Oh mi perla de oro y mi señora! ¿no me decis si os hallais más sosegada con la operacion del conjuro? que, por mi salud, bien segura estoy que os fué provechoso, por lo mucho que á mí de mi parte me costó.

Isab. Madre señora, si lo que por mí has hecho te hobiese de pagar por entero y como tú mereces, muy más grande habia de ser mi valor y posibilidad; porque te certifico que fué grande la operacion de tu obra, que, como tú ántes me denunciaste, así como me vido fué preso de mi amor, y por palabra me lo demostró, de que yo soberanamente me gozaba si la fortuna, enemiga de todo placer ajeno, no lo hobiera hoy trabucado; ca sabe que una dueña en hábitos de mendicante me vino con una carta suya, mas yo, ignorante que dél fuese, no sólo de palabra, mas de obra, yo, y juntamente comigo, Cecilia, mi doncella, la tratamos muy mal, hasta tanto que de las manos se nos fué dexándose la carta en el suelo, por la qual he sabido todo el caso, de que estoy la más afligida y atribulada mujer del mundo, con temor que si de Selvago es sabido, viendo mi esquiveza, no haga mudamiento, que causaria que mi vida otro tanto hiciese.

Val. Mi buena hija, sabe que ya lo tengo todo eso remediado.

Isab. ¡Oh mi buena madre! ¿y cómo has hecho tanto bien?

Val. Yo os diré: poco ántes que con Cecilia, que por vuestro mandado á me buscar iba, encontrase, estuve con esa vieja que decis, que muy íntima amiga mia se muestra, que siéndole por mí preguntado la celeridad y estrañeza de su vestido, como entre nosotras ninguna cosa haya secreta, por entero me lo declaró; y yo como vuestro corazon tanto entendiese, viendo el mal que se puede seguir, porque lo que con vos pasó no manifestase á Selvago, le prometí de vuestra parte la respuesta de la carta, y ansí mesmo que esta noche con vuestra licencia os podria hablar, por algun lugar secreto, lo que ella os vinie á decir junto con os traer la carta; y si yo lo prometí, no se os debe hacer grave, pues mayor mal fuera si á Selvago le fuera descubierta la manera que en recebir su mensaje se tuvo.

Isab. ¡Ay amiga! Como por un cabo me has de cruda muerte hecho libre, y por otro me das á pasar gran afrenta; que puesto caso que de corazon á Selvago ame, no tampoco quisiera darle ansí tan abiertamente mi libertad en conceder lo que por mí prometiste.

Val. Señora hija, si bien miras en ello, no es tan grande el favor, si se le concede, como vos le pintais, que de hablallo de una fenestra á vuestra honra ningun peligro se sigue.

Isab. Bien está, madre, lo que dices, mas debaxo esa hoja hay otra, que quien para en eso le concede lugar, es causa á que en lo demas le dé posesion; que será tan escusado como lo que más lo puede ser, si vínculo de matrimonio no se pone de por medio.