Dol. ¡Anda, que no! haz lo que te digo.

Lel. ¡Oh, señora Valera! ¿Y tú eras? Sube, que allá está la madre.

Val. Así lo quiero hacer, hija Lelia.

Dol. ¿Qué tenemos, comadre, hijo ó hija?

Val. Hijo, y áun bien á nuestro provecho.

Dol. Donde vos estábades no podia ser otra cosa; mas merced recibiré en que me declares por estenso lo que allá ha pasado.

Val. Es así que yo las hallé en gran alboroto, y penadas sobre lo que en vos habian hecho, despues que supieron por la carta la parte, y cierto que les pesa verdaderamente por ello.

Dol. No quiere Dios más del pecador, y eso les bastará para comigo, aunque gravemente me habian injuriado.

Val. Yo les quité parte de su pena diciendo haberte aplacado con que enviase respuesta, y á dar licencia que esa noche se viesen, sobre lo qual pasamos muchas cosas más; en fin de razones quedó convencida, y así escribió esta carta, encargándome que te la diese, pidiéndote de su parte perdon; ansimesmo que digas á Selvago cómo á las doce le aguarda en la fenestra de su aposento; mira si he bien negociado, que en señal de lo dicho ser verdad te envia esta sortija, y porque del todo tu rencor olvides.

Dol. Así me parece, por cierto, que pintado no podia ser mejor á nuestro propósito; mas espantada estoy cómo no os dió á vos parte, pues tanto por ella habeis hecho.